viernes 30/10/20

Ni arte, ni de Marte

Descartado: la extraña cosa ubicada en la plaza de San Marcos no tiene origen alienígena. Iker Jiménez quédate en casa, no tienes temazo. La ha puesto ahí su autor: Álvaro Jadama, joven de nuestro planeta y de nuestra provincia, según un video que él mismo ha difundido en las redes sociales. La llama El cagador oficial de León. Aquí siempre nos han gustado los nombres feos. Supongo que le dijeron en casa: «o se va eso o te vas tú». Asusta al gato y para pisapapeles es muy grande. Lo cierto es que si no lo especifica en el título no se me hubiese ocurrido que la escultura —instalación o lo que sea— está haciendo lo que hace. En cambio, en el video se puede oír que la pieza ventosea en el traslado. También salen unas viandantes a las que no les gusta y un señor que dice que le encanta. Llamarlo debate sería excesivo. Aunque para gustos… los olores. Fue verla y acordarme de El espanto surge de la tumba, aquella de Paul Naschy. Por supuesto, el logro dadaísta no está hoy en colocarla en espacio público y que permanezca unos días ahí como si nada, sino en que la compre el Musac por 400.000 euros. Otra vez será. He visto en la red varios collages suyos muy interesantes. No es, pues, un cantamañanas. ¿Por qué esta obra de estilo diarreico? Motivos para la rabia no faltan, ni a él ni a muchos. Lástima que ya no que no queden burgueses a los que epatar, salvo algún curator. La pieza es fea no por alienígena, sino porque la parió así su padre. Y aposta. Por cierto, está colocada sin anclaje de seguridad, un viento fuerte te la incrusta en el cogote. Por menos empezó la guerra de las galaxias.

Quienes sí habitan en otro universo moral son los que siguen en las terrazas con la mascarilla bajada. Dado que no entienden ninguna lengua terrícola, habrá que explicárselo con multa y cuartelillo. O mandarlos a dormir al sofá de Donald Trump.

Escatológico, pero responsable. Jadama y su colaborador llevaban mascarilla cuando colocaron El cagador. Pero ni arte, ni de Marte. También, otra vez será. Dejémoslo en humor cazurro, que ya tiene sus 15 minutos de famoseo. Lo que amenaza a nuestra sociedad no procede de una broma inofensiva, sino de los marcianos de aquí y su insolidaridad chulesca.

Ni arte, ni de Marte
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