domingo 12.07.2020

Ni siquiera en japonés

En teoría, debes escribir tu columna partiendo de lo que sabes o crees saber, pero esta será sobre lo ignoro o creo ignorar. Y no por extravagancia. Retomo un tema ya tratado aquí. El papa Francisco visitará este mes Hirosima y Nagasaki, esto lo sé. Ambas ciudades japonesas fueron arrasadas con sendas bombas atómicas, en 1945, esto lo sabemos todos. Al país nipón llegó en 1965 un sacerdote leonés, de Albares de la Ribera: Jaime Fernández, quien con los años sería destacado cervantista y estudioso del Siglo de Oro, además de traductor de Silencio, llevada al cine por Scorsese. Y ahora empieza lo que ignoro: ¿Sigue en Tokio? ¿Continúa impartiendo clase en la Universidad Católica de Sophía, de las más prestigiosas de Japón? ¿Regresó a España hace mucho, ya jubilado? ¿Ha fallecido y vivé allí donde Cervantes y Avellaneda limaron por fin sus asperezas? El alcalde de Torre del Bierzo me aportó la fecha de nacimiento: 1938. Llamé a un sacerdote amigo mío y me encaminó a la delegación astorgana de Misiones, donde no sabían de él. He escrito a su campus pero no me ha llegado respuesta. Don Jaime parece haber desaparecido, como el protagonista de Silencio. Y de repente, en un texto de Fernando Cid sobre la recepción de Cervantes en Japón leo que «en agradecimiento» se lo dedica a nuestro paisano. Pero tampoco doy con este especialista en cultura japonesa. Dado que Cid es miembro de la Sociedad Tolkien Española, como quien lo busca, me he dirigido a esta y mi s.o.s circula en las redes, a ver si hay suerte. Montero Reguera, director de Anales Cervantinos, le va a preguntar a un colega japonés.

 

El Papa visitará también la Universidad de Sophía, donde pronunciará un discurso dentro de un viaje de gran trascendencia en la historia del dolor y del perdón. No va a hacer turismo. ¿Estará allí nuestro berciano? He leído en un trabajo suyo que «el amor y la compresión» son herramientas apropiadas para comprender la cultura ajena. Un leones universal.

 

Y hasta aquí mis pocos datos. En España es más fácil que te den un jamón que un correo electrónico ajeno, ni siquiera en japonés. ¿Comprenden por qué esta columna no es sobre lo que sé o creo saber, sino acerca de un solo sé que no sé casi nada?

Ni siquiera en japonés