miércoles 08.07.2020

Ni zombis, ni zumbados

En el confinamiento, aprovecho para ver o volver a ver películas, de cara un libro sobre cine. Ayer fue El tesoro de Sierra Madre, de John Huston, porque uno formó sus gustos cinéfilos escuchando en la tele al gran Alfonso Sánchez quien, entre ataque y ataque de tos, se ponía a los pies de Ava Gardner o ensalzaba el estilazo de Wayne portando el rifle. Hacía más de cuarenta años que no me reencontraba con esta gran película sobre el oro que se lleva el viento, pero también acerca del don de la risa con el que algunos perdedores celebran que mañana será otro día. Ya de adulto mi madre me recordó que cuando en la película de Sesión de tarde empezaba el besuqueo, pues los buenos no son de palo, soltaba un: «me voy a merendar, que esta parte es un rollo». Con los años, claro, aprendí que el amor es la gran aventura. Comparto con mi mujer esta pasión por el cine clásico, lo que nos evita tener que jugarnos a los chinos cuál vemos. Hay casas en la que el padre quiere ver El pequeño ruiseñor, la madre La matanza de Texas, la abuela Los hermanos Calatrava contra el imperio del crimen…, y el nene berrea si no le ponen una de Bergman. Así no hay manera. No obstante, en la nuestra tampoco nos sirve cualquier película solo porque tenga añada. En estos días… ni zombis, ni zumbados. El cuerpo nos pide comedia, western y mucho cine negro, porque ciertos malos también tienen su corazoncito. «¿Fu Manchú cuenta como zumbado?», preguntará mi lectora cinéfila. No, pero tampoco quisiera coincidir con él en la escalera; por cierto, tampoco con Pablo Iglesias o con Abascal.

Ayer estuve en el ambulatorio de La Condesa, por motivo del seguimiento de mi brazo en cabestrillo. Qué buen servicio y trato recibí en Radiología y en Traumatología. Hasta me ayudaron a vestirme, algo que me cuesta hacer con la izquierda. Mil gracias y mil aplausos. La sanidad pública es nuestro clásico de la eficacia y de la amabilidad.

Ya en casa leo unas viles declaraciones contra las donaciones millonarias de Amancio Ortega a nuestra medicina. Qué bochorno. Pero, también en esta columna, mientras dure el confinamiento, ni zombis ni zumbados. A ver si esta tarde convenzo a mi mujer que la de Rambo es de Fred Astaire.

Ni zombis, ni zumbados
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