martes 24/5/22

No lo hagas

Hace años, le pregunté a un amigo que dirigía una UCI cuál era el motivo más frecuente de suicidio. Y me contestó: «Ya no poder más». Verónica Forqué no pudo más, o eso creyó en la fatídica hora. Quizá sí hubiera podido. Su suicidio está sirviendo para que estemos hablando de ello, pero tengo mis dudas de que todos entendamos lo mismo por suicidio y por suicida. Hitler y Van Gogh se suicidaron, pero sus motivos para quitarse la vida no fueron los mismos. Ni siquiera entendían lo mismo por esta. Se suicidan las personas, pero también las sociedades. Y el amor sigue siendo el tablero al que aferrarse en medio del oleaje. No me estoy refiriendo solo al de dos personas que se aman, por importante que esto sea. Tampoco lo limito al que encontramos en una familia, cuando esta no es solo personas que comparten apellidos. Amistad también es amor. Y vivir de tu trabajo, también. Y la fraternidad. Y la honradez. Y los valores que nos inculcaron nuestros padres… y para algunos, la certeza de que no seremos abandonados por Él. Numeroso es el vocabulario de lo que nos salva. No lo hagas, les habríamos dicho a Verónica Forqué. Pero no basta con decirlo, si no coges su mano y compartes el fardo de su dolor. No hablamos de suicidio, ni de mucho de lo que más importa. Casi siempre todo pudo ocurrir de otra manera.

Nos choca que una actriz cómica se suicide, porque creemos que el humor ha de proceder siempre de la alegría. No es así. ¿Ya hemos olvidado a Robin Williams? Nos choca que una persona famosa se quite la vida, porque deificamos la fama. En 1967, un joven Waylon Jennings cantaba: «Sus canciones pronto se propagaron en los labios del mundo/ Le ganaron los más altos reclamos/ Y sin embargo solo anhelaba el calor de un hogar/ porque hace frío en el lado oscuro de la fama». No lo hagas… ¿Te he dicho ya que te quiero?

Somos frágiles, detrás de nuestras corazas. Algunos, también detrás de sus dobles corazas. Pero solo el amor es más viejo que el mundo, porque es mucho más que un tesoro propiedad de dos. En efecto, también las sociedades se suicidan… cuando dejan de ser humanas y dejan de amar. No lo hagamos. ¿Has dicho ya que te quiero, al menos la mitad de las veces que te lo han dicho a ti?

No lo hagas
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