sábado 17/4/21

Una polémica de altura

Rodin no llegó a ver en bronce su La puerta del infierno, Ford arranca Centauros del desierto con una que se abre y la concluye con otra que se cierra…hoy todo indica que el artista Antonio López no podrá instalar en la fachada principal de la Catedral de Burgos las tres que está preparando, con motivo del octavo centenario del inicio de la construcción de esta.

La Unesco ya ha comunicado al Estado español que el edificio puede perder su rango de Patrimonio de la Humanidad si cambian las actuales puertas del siglo XVIII, que carecen de valor artístico objetivo, por las del escultor y pintor manchego. Solo he estado una vez con López, en mis comienzos profesionales. Con altanería propia del bisoño le pregunté si no le molestaba ser conocido como «el pintor de cuartos de baño», a lo que me contestó con santa flema: «¿Tú crees? Tampoco he pintado tantos». Podía haberme herido con un brochazo verbal y no lo hizo.

Los detractores del proyecto —como el artista Juan Vallejo, de quien partió la recogida de firmas— creen que se distorsionará la imagen de la Catedral. Su coste —1,2 millón de euros— lo consideran ofensivo en una crisis, aunque se obtenga por mecenazgo privado. Asimismo, rechazan que la Virgen tenga el rostro de la hija del pintor, y el Jesús niño la de su nieto. Tanta «familiaridad» les resulta excesiva, si bien los excesos de amor son más perdonables. López ha debido aclarar que las facciones de Dios, en la puerta central, no encubren su autorretrato. Polémica con ideas, no solo rifirrafe.

A otros les gusta. Sin embargo, no es cuestión de gustar, sino de si se puede o no. El dictamen de la Comisión de Patrimonio de Castilla y León, será el decisivo y lo previsible es que no discrepe de la Unesco. No tiene aún el proyecto técnico. «No le toques más /así es la rosa», escribió Juan Ramón sobre el poema, y se pasó la vida retocando… los suyos.

Cada escultura dialoga con el espacio para el que fue creada, pero las admiramos igual en otros. La propuesta de López no es el calcetín de 18 metros que Tàpies quiso colocar en suelo público, contiene hondura. Pero la Ley de Patrimonio debe ser igual para todos, seas Agamenón o su porquero… incluso, canónigo de la catedral de Burgos.

Una polémica de altura
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