domingo 12.07.2020

¡Soy un libro!

Me lo tengo dicho, a partir de cierta edad hay tres cosas que ya no debo hacer por la noche antes de meterme en la cama: echar pimentón al yogur, ver filmes inquietantes y escuchar el heavy metal de mi hijo. Mucho mejor una tortillina francesa, que la peli sea de risa y relajarme escuchando a María Jesús y su acordeón. Anoche vi Tiempos modernos, una de las grandes obras maestras de Chaplin. Pero el humor chaplinesco es mucho más que caídas y persecuciones, aunque las haya tronchantes. La mítica escena de Charlot trabajando en una cinta mecánica de producción me irrumpió luego en los sueños, y no para hacerme desternillar. Allí, en mi psique, me encontré convertido en sufrido empleado de una multinacional de venta online y a destajo de libros, mientras el ojo de Sauron exigía más producción al robot jefe de planta y este actuaba en consecuencia. ¡Qué malas tuercas se gastaba! Poca plantilla para tanto estrés, con millones de ejemplares convertidos en rebaño. Los buenos, los feos y los malos. «¡Rápido, rápido» se nos ordenaba. Este para Hong Kong, ese para Chicago, aquel para Villaquilambre… La directriz era entregar el libro antes incluso de haber sido solicitado. Agotadora inmediatez. «¡Aguirre, los Quijote están perdiendo el paso!», chillaba amenazante el robot jefe.» ¡Ya tenían que estar empaquetados esos 100.000 bestsellers!», nos clamaba. De repente, uno de bolsillo gritó farruco: «¡No soy cosa, soy un libro!». Y se armó la del acorazado Potemkin. O sea, la revolución. Me desperté cuando el robot y sus tres dogos mecánicos me tenían acorralado en la fresadora. Terrible pesadilla. Dicho esto, sigo fiel a mis libreros de rostro conocido.


Quizá influyó para tener tan horrible experiencia onírica que esa mañana me habían recomendado: Contra Amazon, de Jorge Carrión. Al parecer, un análisis muy demoledor. Por cierto, lo tienen también en dicha compañía de ventas por la Red. Toma sarcasmo capitalista. Por supuesto, no todas las tiendas online son malas, pero como en casa en ninguna parte.


Mi ejemplar de A través del Quijote, que hoy presenta José María Merino, lo he comprado en librería de carne y letra. Hoy le pediré que me lo dedique… por supuesto, sin firma electrónica.

¡Soy un libro!
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