viernes 27/11/20

Todos al trastero

Por si no hubiese ya muchas, ha surgido una nueva forma de imbecilidad: la de aquellos que lo de la consumición para llevar lo entienden como quedarse en la calle con el vaso en la mano y dándole al blablablá, con la mascarilla bajada. No son meros despistados. Los ves exhibiendo con regodeo su trampita. Pero donde no esperaba uno que hubiese tanto descerebrado es en la residencia universitaria Emilio Hurtado, ahora en cuarentena. Algunos -no todos- se saltaron el confinamiento y fue necesaria la presencia policial, pues hubo quien se puso farruco. Aún ignoran lo que ya hasta los niños saben: no estamos ante un capricho de las autoridades, sino ante un reto sanitario colectivo en el que nos va la vida. Desde sus habitaciones, han hecho una cacerolada de protesta. Cencerrada, cabe llamarlo también. Pero frente a estas nuevas manifestaciones de estulticia chulesca surgen también otras formas de inteligencia emocional, ante las restricciones de la pandemia. Hay otra juventud no descerebrada, y ciudadanía que sí colabora. Ya podemos donar en los supermercados y tiendas a los bancos de alimentos, ahora mediante el pago con la tarjeta. El drama de estas navidades estará en que hemos perdido a seres queridos, en que en muchos hogares hay pobreza y miedo, no en que tengamos que celebrar con restricciones nuestras comidas y cenas. No banalicemos el dolor. Lo que importa es estar vivos, por dentro y por fuera. Sentirnos prójimo, en la proximidad o en la lejanía. La muerte es la única ausencia irremediable.

A Paquirrín le ha durado muy poco su interés por la lectura. Medio prólogo. Acaba de anunciar en redes sociales, «porque no todo va a ser malo», que ya tiene la Playstation5. Le ha costado 500 euros, calderilla para un arruinado como él. Con el dineral que ha de estarle sacando a su pena penita pena podrá pronto incluso comprar acciones de Sony. De ahí, al monóculo. ¿No habría manera de concederle al mozo una placita en la Emilio Hurtado? Aunque sea en el trastero. Indispensable que tenga wifi.

Quizá tal neoimbecilidad no sea algo tan nuevo… sino la de siempre ya actualizada, como expresamos semanas atrás acerca del neoegoísmo. En fin, les mandaba a todos al trastero. Y además, sin consola.

Todos al trastero
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