lunes 18.11.2019

Triste final circular

Es como dar el carpetazo a un capítulo de nuestro ayer colectivo. El grupo Planeta cierra Círculo de Lectores, en cuyos libros nos iniciamos tantos a la lectura, cuando éramos adolescentes y al que muchos luego, ya de adultos, hemos pertenecido en etapas intermitentes. La editorial lo justifica en una preferencia de los socios por el consumo digital. Perdía millones de euros.

 

Lo cierto es que dejé hace mucho de serlo, como lo fueron años atrás mis progenitores. Fue fundado en 1966 y los títulos más remotos que recuerdo suyos en casa son novelas de la serie Ángelica y las de Pearl S. Buck, que leía mi madre y guardaba en una biblioteca oculta en el cabecero de la cama. De crío, la llegada de la revista era para mí como la del 7ºde caballería.

 

Y recuerdo también que mi madre tres o cuatro años antes de fallecerse volvió a hacerse socia, porque se compadeció de una comercial. Gracias a ese último gesto caritativo, tengo en mi biblioteca sendas preciosas ediciones de Grandes Esperanzas, de Dickens, y de Mansfield Dark, de Austen. Estuve a punto de reprocharle su decisión, pues ya no tenía vista para leer libros, pero enseguida aquello se me reveló como lo que verdaderamente era: además de dicho gesto de cristiana compasión, un guiño a nuestro pasado familiar, cuando éramos sus hijos y no ella o mi padre quienes elegíamos los pedidos del trimestre. En el periódico que he leído la noticia estaba escrita casi en términos de escueto balance de resultados, debe de ser el espíritu de los tiempos. «El Círculo de Lectores que llama a su puerta ya es historia» concluía el redactor. Sí, pero esta forma parte de nuestras vidas. Extraña frialdad con seis décadas de gran labor cultural.

 

El primer libro que me regaló mi mujer fue del Círculo: un Quijote ilustrado por Saura. En dos tomos, en gruesa tela negra. En una inundación perdí el segundo, ay. El superviviente, zarandeado en el naufragio pero no vencido, reina en mi biblioteca. En estos días, leo a Pérez Galdós en una edición suya, sacada de la Biblioteca Pública de León.

 

Gracias y adiós, Círculo de Lectores, por tanto grato recuerdo. Vaya como homenaje este final circular: Es como dar el carpetazo a un capítulo de nuestro ayer colectivo.

Triste final circular
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