miércoles 22.01.2020

Vientos de impiedad

Placido Domingo anuncia su retirada de la música, para centrarse en la defensa de su honorabilidad contra quienes le acusan de acosador sexual. Para 2020, tenía programado actuar en La Traviata, en el Real, donde su personaje lamenta el dolor causado con su intolerancia, en la bellísima Di Provenza il mar. Debido a su edad, es posible que estemos ante un adiós casi definitivo, tras esta larga noche de los cuchillos largos. Sigo sin encontrar la proporcionalidad entre los hipotéticos hechos y su nada hipotética demonización. Rechazo el acoso sexual donde lo haya, incluso el donjuanismo consentido siempre me ha parecido una vulgaridad si es exhibido en público, pero hay algo en esta historia que me parece desmesurado, habida cuenta de que no hay ni hubo denuncias en un juzgado. Para acuchillar con palabras ni siquiera resulta imprescindible tener la lengua afilada, basta con la murmuración. Sin apenas ser empujada, la hoja de la maledicencia desgarra reputaciones.

 

todo ha surgido en un país en el que, por ejemplo, el pianista negro Don Shirley, en la década de los sesenta, no podía comer en el mismo salón donde actuaba, por ser de uso exclusivo para blancos. Un articulista de Mundo Deportivo propone que el madridismo debata si Domingo es el más adecuado para cantar el himno del equipo. Nadie está a salvo de ser acuchillado por la insidia, pues ni siquiera necesita de la verdad. Pero tampoco el silencio te garantiza siempre que estés siendo neutral.

 

A veces me preguntan si es difícil encontrar temas para columnas tras llevar más de treinta años escribiéndolas, y contesto que el reto nunca ha sido ni es ese sino ser justo. No siempre lo logras, aunque sea lo que más importa. «Cáncer diabólico» llamó el papa Francisco a la murmuración.

 

El tajo de un cuchillo de palabras nunca es limpio. Infecta más al que lo empuña, pero esto no consuela a la víctima. Las medioverdades no son la verdad, sino sus jirones. Si la consecuencia es que Velázquez no pinte ya más… pierde él y perdemos todos. No reclamo que un presunto mal quede impune, sino prudencia a la hora de levantar patíbulos. Estamos hablando de un gran tenor que ha destacado por su altruismo y ejemplaridad. Soplan vientos impíos.

Vientos de impiedad
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