miércoles 25/5/22

Vivan los novios

Llevaba años sin recibir una invitación de boda. ¿Se ha perdido la costumbre de celebrarlas con banquete, café, copa y puro? Casi la última que recuerdo, aparte de la mía, es aquella con la que comienza El Padrino. Pero aún más sorprendente que recibirla es quiénes se casan. Sin duda, la boda del año. Lástima que me pille algo lejos para el desplazamiento, pero se agradece que se acuerden de ti. «Por favor, Aguirre, suéltalo ya, que nos tiene en ascuas, ¿quiénes se casan?», se estará preguntando el lector curiosón. Calma. Ante tan ilustres novios uno se quita el sombrero, se echa su mejor colonia y rompe la hucha. «¿Se casa el presidente de la Real Academia de la Lengua?». No, mucho más arriba. He recibido por correo electrónico una invitación para asistir al banquete de bodas de Cervantes y Catalina de Salazar, en Esquivias. «Ay, Señor, ya sabía yo que tanto cervantismo no podía ser bueno», habrá soltado ahora alguna compañera de redacción. No, aún no se me han secado las entendederas.

La Asociación Cervantista de Esquivias tiene la entrañable costumbre de conmemorar la boda del escritor con su santa esposa, el mismo día que se celebró: el 12 de diciembre de 1584. Y lo hace, entre otras gratas actividades culturales y lúdicas, con una escenificación en la que participan orgullosos los vecinos. Él tenía 37 años, ella acaba de cumplir los 19. Se casaron a los tres meses de conocerse. Muy romántico, con permiso de los cervantistas, que diría Azorín. La invitación reproduce el acta del desposorio. El acontecimiento está reconocido Fiesta de Interés Regional.

La más leonesa de las obras áureas, La Pícara Justina, termina con la boda de esta en Mansilla. Lástima que no sea personaje de costumbres edificantes. «Soy recién casada. Es de noche de bodas. A buenas noches», escribe en la última línea. No me invitó. Y eso que me pillaba más cerca.

Este año tampoco podré ir a Esquivias, pero el 12 de diciembre de 2022 allí estaré para corear «¡Vivan los novios!». Se lo digo a mi mujer y protesta, con razón guasona: «¡No recuerdas nuestro aniversario de boda y sí el de Cervantes y Catalina…!». Ah, el matrimonio. El inventor del mismo estuvo sembrado ese día, hasta logró que rimase con humor.

Vivan los novios
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