miércoles 25/5/22

Y si no me crees…

Se anunció en Navidad: el volcán ya no expulsa lava. Los creyentes pensarán que sus oraciones han sido escuchadas, quienes no lo son argumentarán que nadie las ha escuchado. Carece de sentido debatirlo. ¿Preguntárselo a la Naturaleza? Es de pocas palabras y nosotros duros de oído. Además, no todos vemos lo mismo, ni siquiera si miramos hacia lo mismo. En lo que sí todos estamos de acuerdo es en que estamos viviendo sucesos que jamás hubiéramos ni intuido vivir, incluida una posguerra sin guerra previa. Creímos que el progreso era línea recta, y nunca lo ha sido. Y aquí estamos, en medio de algo que no sabemos precisar qué es, salvo que nos inquieta. De nuevo, tengo la sensación de haberle fallado a la Navidad, pese a que ella no me ha fallado a mí. Es un malestar extraño. Pero no todo ha sido en vano. De esta, me quedarán gratos recuerdos de dolor compartido. Entre ellos, un paseo con una amiga bajo los árboles de la Condesa. Ella era la que necesitaba fuerzas, pero fue a mí a quien se me quebró la voz al contarle, quizá de nuevo, algo que me dijo mi madre al salir de la última Misa del Gallo a la que la acompañé, muy poco antes de que falleciera mi padre. En fin, solo soy un juglar de columnas, y de un tipo quizá en vías de extinción. El otro día, un lector desconocido me espetó en la puerta del quiosco: «¡Tienes loco a Cervantes!». No cabe mayor piropo. Le felicité la Navidad, tras darle las gracias. Me agradó que mi mujer escuchase sus palabras, pues estas son las vivencias que luego uno cuenta en sus memorias y no se le cree. Aquí hubo una testigo.

En estos días sin lava, he recordado las palabras que repetía el cónsul de la novela Bajo el volcán, de Lowry, en su delirium tremens: «no se puede vivir sin amar, no se puede vivir sin amar». Así es.

Algunos agnósticos y ateos han expresado en las redes su voluntad de que ya no se les desee «feliz navidad». Trataré de acordarme en las del 2022. No lo garantizo, pero haré lo posible. Después de todo, aun recuerdo las palabras del cónsul y leí la novela hace mucho. «No se puede vivir sin amar, no se puede vivir sin amar». Cierto, amar es la única victoria posible, en este mundo herido. Y si no me crees, lector, pregúntale al volcán.

Y si no me crees…
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