lunes 10/8/20

La sombra de Feijóo

Si ya era alargada antes, tras el espectacular triunfo, la sombra de Alberto Núñez Feijóo se proyecta si cabe con más intensidad. Sin salir de Santiago de Compostela, llega hasta Madrid. La rotundidad de su victoria deviene en hecho de naturaleza política que le convierte en un referente de autoridad más allá de su comunidad. Cuando tras la moción de censura que acabó con la carrera política de Mariano Rajoy y el PP vivió horas de desconcierto buscando un sucesor, Feijóo que podría haberse postulado renunció dejando el camino libre a Pablo Casado, dijo entonces que su prioridad era Galicia y ha cumplido. Puede que, entre otras razones, aquella decisión haya sido reconocida y premiada en las urnas por sus paisanos. Tengo para mí que al ser uno de los escasos políticos serios que tenemos en España se puede dar por seguro que se va dedicar a gobernar Galicia sin enredar a distancias en la sede nacional de su partido.

España es mucho más que Madrid aunque no todos los políticos son capaces de reconocerlo. En cierto modo Feijóo recorre el mismo camino que su predecesor Manuel Fraga —también él consiguió vencer en cuatro ocasiones—, pero lo hace en sentido contrario. Fraga que había hecho toda su carrera política en Madrid intentó mantener plaza en la capital, pero no lo consiguió y como quien dice se retiró a Galicia para seguir mandando. Y mandó mucho. Feijóo, al margen de una breve etapa de alto cargo en la Administración desempeñando un par de encomiendas en la capital nunca quiso salir de su tierra. Y no fue por falta de oportunidades. Pudo haber sucedido a Rajoy y no quiso. Seguramente no es una cuestión de falta de ambición sino de una ambición de naturaleza diferente. En Madrid la polarización de la política convierte la vida de los dirigentes en un calvario. Hay a quien le gusta —porque está todo el día en los medios— y a quien semejante panorama le provoca un estrés insuperable.

Por lo demás, en España, los presidentes de comunidades autónomas tienen mucho poder. El suficiente como para cubrir las exigencias de la humana vanidad. Desde ese registro nada hay en Madrid que no se pueda encontrar en Santiago. A todo lo dicho se podría añadir que dada la actual división de la derecha español y la tarea que les aguarda: agrupar en un solo partido como hizo en su día Aznar a las diferentes tribus del espectro conservador es tarea pendiente que se antoja titánica. A los populares les esperan años de brega y no pocos sinsabores. Parece que Feijóo lo tiene claro. «Beatus ille.»

La sombra de Feijóo
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