Diario de León

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, parece no haber entendido del todo que hemos entrado en una nueva era institucional. Sabe, cómo no saberlo, que hay mucho lastre en su equipo. Difícilmente se comprende que siga arrastrando una parte de su Consejo de Ministros que rema en la dirección exactamente opuesta a la del presidente del Gobierno: él quiere apoyar, dice, a Felipe VI en la Jefatura del Estado, y quiere incluir a Ciudadanos, y a quien se pueda, en las tareas de la gobernación en estos difíciles momentos para la nación. Justo lo contrario de lo que dice Unidas Podemos. Al observador casual, o no tan casual, se le hace muy complicado comprender que no haya orientado a su elenco ministerial en una dirección unívoca, a favor de la reconstrucción y de la consolidación institucional. El presidente piensa que puede abonar la falta de transparencia, increíble, de que ni siquiera el jefe del Gobierno sepa el paradero de quien fue jefe del Estado de España durante cuarenta años, y que desconozca muchos detalles de ese viaje, que ni siquiera puede llamarse exilio, que ahora aparece como clandestino, del rey emérito al extranjero, saliendo por la puerta de atrás de La Zarzuela. El surrealismo no conviene a la política, y el jefe del Gobierno debería saberlo, lo sabe sin duda.

El momento político, extremadamente complicado, requiere otras respuestas, más elaboradas, menos evasivas. No un discurso, previo a las preguntas, de tres cuartos de hora de duración, autosatisfecho y autocomplaciente. Ni tampoco cabe ya el elogio al comportamiento del partido coaligado y del vicepresidente disidente. No se pueden comprender estas comparecencias ante los medios, tan vanas, del presidente del Gobierno que, por cierto, está destinado —lo dicen las encuestas— a seguir siéndolo, pero quizá con otras compañías, otras tácticas, otra estrategia, nuevas ideas y reflexiones.

No puede, simplemente no puede, el señor Sánchez dejarnos con la sensación de que apenas nos aguarda más de lo mismo: dos almas en el Gobierno, instituciones paradas, falta de transparencia, alejamiento de lo que hoy representa la oposición de las tareas de la gobernación. Pero así fue, sin respuestas, como Pedro Sánchez puso fin a un curso político lamentable, el más lamentable de nuestras vidas.

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