domingo 19/9/21

Unidad frente al terrorismo

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pronunció muchas veces la palabra unidad en su discurso previo a la celebración del 20º aniversario de los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York, el Pentágono en Washington y el avión que se estrelló en Pensilvania. Puede que resulte demasiado obvio en estos momentos recurrir insistentemente a la unidad en todos los aspectos, instituciones y sociedad, pero no deja de ser imprescindible. Sobre todo, cuando el populismo más demagogo de Donald Trump ataca con premisas que él mismo aceptó cuando inició las negociaciones en Doha con los talibán. Ahora habla de rendición en la derrota cuando todos los presidentes norteamericanos desde George Bush, incluido, iniciador de la guerra en Afganistán, y dos años después en Irak, era consciente del enorme desgaste insostenible que suponían las dos campañas en vidas y en dinero. Es cierto que el control de Afganistán iba más allá de acabar con los terroristas de Al Qaeda y de su líder Osama Bin Laden. Suponía un punto crucial en Asia entre China, India, los mares Negro y Caspio, actuando como pivote entre varias potencias nucleares y ruta fundamental para los oleoductos y gasoductos desde países como Irán, Uzbekistán, Turkmenistán a China e India. Y, además, paso importante para la Ruta de la Seda china.

En definitiva, Afganistán es clave para los intereses estratégicos de China, Rusia, Irán e India y ahora Estados Unidos y la Unión Europea han perdido el control. Pero como lo perdió Alejandro Magno hace siglos, y más recientemente el Imperio Británico y la Unión Soviética. Tendremos que esperar para comprobar las consecuencias de una decisión que había que haber ejecutado hace muchos años para evitar que Occidente se desfondara de tal manera. Es cierto que otro objetivo de la intervención norteamericana en Afganistán e Irak era volver a enfrentar a suníes y chiíes porque la convicción que existe en los países occidentales es que un entendimiento entre todos los musulmanes pondría en grave riesgo a los cristianos.

El caso es que es imprescindible la unidad en Estados Unidos y en la Unión Europea para poder afrontar los desafíos que plantean China y Rusia para lograr la hegemonía mundial, cada uno en las regiones y en los sectores que le son más favorables, desde la economía, el comercio, la tecnología, el ciberespacio y las injerencias, entre otros. La imagen de derrota y humillación provocada por el caos en el aeropuerto de Kabul no debe servir como arma política entre los norteamericanos, debe representar la necesidad, ahora más que nunca, de un buen diagnóstico de la situación y la adopción de las políticas necesarias para recuperar el pulso de Occidente en el mundo.

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