viernes 30/10/20

Gestos & objetivo 176

¡Qué expresión tan exultante la de Rafa Nadal el domingo tras alcanzar un hito difícilmente repetible: su decimotercera victoria en París! y ¡Qué mirada al escuchar atento los sones del himno nacional español, con las lágrimas asomando en sus ojos! ¡Qué orgulloso se sentía! Rafa: Felicidades y gracias.

En el otro lado de la «moneda» José Borrell o Pablo Iglesias (el vicepresidente del gobierno —que no el fundador del PSOE— merced a la designación por parte de quien traicionó a su electorado) o el propio Pedro Sánchez. Borrell, aguantando con gesto serio la crítica de que fue objeto en el seno de la Eurocámara, con Venezuela como telón de fondo; Iglesias, que no hace aún un año prometía lealtad al Rey, no tuvo valor ni para mirarle a los ojos mientras Felipe VI, su Rey, le saludaba (¡qué pena y qué vergüenza vicepresidente por designación de quien traicionó a sus electores!), y el trilero, perdón, el tercero, que no sabe ya ni cómo mirar, y que se ha lanzado a controlar el poder judicial, con la aquiescencia de la asociación Jueces para la democracia. La independencia del poder judicial, ¿se acuerdan?. Vamos camino del abismo, y no pasa nada.

Sigo sin ver que quienes representan a la moderación, por más que a unos se les tenga por la «extrema derecha» (que, por cierto, debe ser que en España no hay «extrema izquierda»), así como que quienes se sienten «ciudadanos», sigo sin ver, decía, que ninguno inicie una mínima maniobra de aproximación para aunar esfuerzos y alcanzar cuanto antes lo que debería ser el objetivo más prioritario: 176 Diputados. Recapaciten, por favor. ¿Acaso cualquiera de los tres piensa alcanzar ese número sólo?. Por favor ..., y recuerden otra palabra de nuestra rica lengua, la española: «Cerril: Dícese de quien se obstina en una actitud, sin admitir trato ni razonamiento».

Y vuelvo a mi León, con mayúsculas, que no a ese absurdo león atrapado en una alcantarilla (y que me perdonen sus autores, discrepando desde luego con que esa figura represente a nuestro León (?), tal y como al menos uno de ellos ha afirmado). Lo acaban de depositar al lado del edificio del Ayuntamiento, justo debajo del despacho de nuestro Alcalde y a tan solo unos metros del macetón, que aun permanece donde le ubicaron, dando asilo a los que se ven precipitados por las urgencias —o no tan urgencias— urinarias. ¿Dónde queda el león rampante, el del escudo de nuestra ciudad, el del león que se integra en la bandera nacional?.

Doy por hecho que nuestros gobernantes tienen interés en todo lo mejor para sus ciudadanos. Pero como humanos que son, también se equivocan, pero recuperemos el optimismo con estas palabras de Arthur Bloch: «Estamos progresando, las cosas empeoran a un ritmo más lento», aunque con el Corolario de Kahn a la ley de Murphy: «Dos errores son sólo el principio».

Gestos & objetivo 176
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