Diario de León

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Van Gogh se iba a poner las botas este verano de transición que motea de gualda pasión las vegas y páramos leoneses. El girasol es un after para insectos, del cuerpo de especialistas en libar las almas, a la vez que atrapa a viajeros eclipsados, incapaces de sacar la vista de esos cuadros enmarcados entre maizales o trigales, según. El paisaje leonés, el de sus tierras bajas que el tiempo esculpió a base de reja y molienda, es Arlés con jarrones, mientras Gauguin, muerto de envidia, retoca el lienzo de soles que inmortaliza el grandísimo Vincent, antes de mutilarse. León va a poner el listón del rendimiento de la pipa en límites insospechados para esta tierra nuestra, que soporta años de acoso y derribo en un sector primario que ha tenido que reinventarse, brillante, creativo, para sacarse de encima la espina del prejuicio, y la espuela de la UE, de mira esos pueblerinos, ahí, apestados por las camisas que el sudor pega a la piel y el polvo de la trilla al lomo. El girasol alisa ese espacio de nadie donde Oteros se hace Payuelos. Se escucha el ris ras de la aspersión, y un bosque de piruletas empieza tomar altura para romper el skyline que hasta ahora era coto de mazorca. No sabemos ni la mitad del tesoro ambiental que nos protege. En Alemania mismo, tan mustios y tan luteranos, han comenzado a cambiar cerveza por aceite de girasol. Que viene a ser como colocar a la altura del óleo sagrado del aliño de los pobres el jugo del grano de cebada, y la pócima del éxito lograda por los druidas y los monjes con el toque maestro que contiene el lúpulo. Por si el invierno que anuncia Vladimiro se extendiera más allá del próximo verano, por si no hubiera otra ocasión, bien vale la pena dejarse atrapar entre esos campos de estrellas, alegoría mayúscula del me quiere, no me quiere de las margaritas de mayo. Si Putin no llega a dar rienda suelta a ese desenfreno imperialista y colonizador que comparten los rusos con los de la Junta, no habría sido posible este julio de acuarela amarilla, que hace salivar a los polinizadores y detiene los coches en andurriales para buscar el selfie del momento, y subir a la red este ciclo vital de mirar al girasol, mientras el girasol mira al Sol y el Sol te mira a ti. Ya pasó con la colza y el tic-tac del reloj biológico; cuando se marchite el pétalo, las primeras en batirse en retirada serán las abejas. Luego, ya se irán, ya se irán los instagramers.

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