jueves 09.07.2020

Los conversos y los perros que no ladran

No hay pueblo en León sin paraje y monumento local, tributo al episodio universal de los conversos. Saulo (Saulo, Saulo, por qué me persigues) eligió un relato épico del suceso, que a veces tiene una solución tan sencilla como la de sacudirse el polvo de las polainas y aclarar que cada cual se apea de la moto como quiere. La costalada ridiculiza. Mucho más, si la montura es dócil y servil. De ahí este ejército de zombis que vienen del otro lado de la posverdad a la par que el Gobierno abandona y borra huellas de todas las mañanas que nos despertó con la matraca de que ningún negocio vale una vida. Fiarse de uno de Tarso que iba camino de Damasco a marcar a hierro a los cristianos y vuelve enjugado en los brazos de Ananías con prisas por enfriar los pies en la pila bautismal es igual que entregarle el alma al que abre los ojos en mitad de un beso. Hay hilos sin atar en esta exposición del cambio radical que abanderan las teles italianas y las tertulias de las radios caraqueñas, los editoriales del Izvestia del frente popular. Cayetanos de izquierdas y charos de derechas. Los primeros conversos del virus no se atreven a repetir las monsergas de abril, sobre que nadie se va a quedar atrás en esta crisis, porque ni siquiera están ya seguros de que van a poder salvar su pellejo. Hay conversos camuflados entre el vértigo que produce volver a encontrar muchedumbre en las esquinas. Un converso contemporáneo tipo abomina del resultado de Pastorinas 5-7 un año después de instigar ceros a la derecha en las papeletas que cambiaron la historia reciente de León. La pandemia es una esponja que enjuga todas las vergüenzas, hasta las más inconfesables. Nada se espera de los conversos que anunciaron el final del estado de las autonomías en la segunda enmienda de sus principios fundacionales; de eso nos librará Angela Dorothea, si Europa corta el grifo de los fondos que financian la perversión de este sistema ruinoso. Tampoco enseñan en la escuela a evitar a los conversos; a los gachos que parece que nunca han roto un plato; a los de esto nos va a hacer mejores, mientras la fábrica de AK-47 dobla turnos a fin de satisfacer el pedido que hará falta para sofocar todo el odio que atizaron; a los canallas, a los perros que no ladran.

Los conversos y los perros que no ladran
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