martes 20/10/20

Libres, como los madrileños libres

H ay cosas que no se habrían visto sin la pandemia. La final de la supercopa de 2003, o el campeonato mundial de gimnasia del tercer año triunfal de Zapatero, que el canal temático de deportes de la tele del régimen emite a hurtadillas, para que no haya discusiones domésticas sobre qué merece la pena para acompañar el vermú, ni contra programar la emisión del ite missa est del aló president de los domingos. Catorce sermones para volver al principio. Que el mundo se va a acabar, sin remisión. Con madrileños que piden pista por España (por el mundo alante, en leonés de toda la vida, sin el influjo de la refinada academia de la llingua). Antes que monsieur le president, el fin del mundo lo predijeron los mayas. Y los aztecas, que anotaron cuatro apocalipsis: por agua, por fuego, por oscuridad, por un huracán; el quinto, aún por llegar, se envolvería en un terremoto. Como éste, de las sacudidas de un virus de corona, con epicentro en Wuham y réplicas severas en la placa tectónica de los pilares de occidente. Sería de dominio público si la masa se dedicara al HBO en vez de conectar con los telepredicadores de la autocracia. En pleno proceso involutivo de la civilización (los hijos que van a vivir peor que sus padres y sus abuelos, los ninis subsidiados hasta que se funda el misterio, los nostálgicos del gulag) azuzan la afición de la caza al madrileño como deporte nacional, el asalto a la A-6 y al tren, que no avancen, como que el mapa fuera el territorio. En ese acoso, y cuando aún se tapan las causas por las que saltó la muralla china, ya se han publicado rutas del rastreo del contagio desde el polígono Cobo Calleja de Fuenlabrada a los confines del valle de Arbas. Munición contra Ayuso, que pasó de ciscarse en la decimoctava autonomía a darle al trichavito una cornada de tres trayectorias del diámetro de la cara oculta de la luna. Ojo a esa idea soviética de cuestionar que un leonés emigrado llegue a la casa que lo vio nacer; suya, de los suyos. Y de a cuantos les plazca esparcirse aquí, en las antípodas de las apreturas de negocios y oportunidades del corredor del Henares. Madrid no pregunta de dónde eres. Ahora que cotiza al alza el político asertivo, a ver si florece la asertividad. Y el derecho a ser libres, que es lo que en el fondo ponen en cuestión.

Libres, como los madrileños libres
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