domingo 16.02.2020

Ni un volquete de profetas

Ya sabemos que la pujanza industrial y el dinamismo económico de León no se debe comparar con la que se avecina por el flanco de donde vienen a amarrar los impuestos, esos, esos con los que no se puede ni ir a recoger duros; que tal lectura incomoda al poder y abona el pesimismo y, en el jardín de la infancia, en vez de tulipanes de ilusión, brotan lirios de nostalgia, y claveles de la rebeldía; y no termina de empapar el mensaje, no cala la lluvia fina que echan con la regadera de hojalata los que mandan llover. Prietas las filas. Desde el ja soc aquí de Diez, no deja de llover profetas por el cielo leonés, en plan Mary Poppins sobre tierra abonada para deshollinadores. Mucha charla y pocas soluciones. El dinero no duerme. La lengua tampoco. Qué futuro pueden esperar los bachilleres en un entorno que mide la salud económica en base a que el viernes el gentío obligó a entrar de perfil en la cantina de San Marcelo y esperar más de media hora a catar un chato: que León es una tierra imparable se sabe bien porque, sin que sea enero en el calendario ni el lunes más triste del año en el diario, se puede atravesar el territorio con luces largas hasta el amanecer, y en las jornadas no lectivas se anulan del desayuno las procesiones por Cantamilanos y la LE-20, y no se expone la adrenalina al borde del precipicio del infarto en el embudo de Ramón y Cajal, al pie de ese aliento que echa la cuenta atrás sobre el carril que se atasca ante el paso de peatones de Padre Isla. Ese va a ser un cementerio de dientes y puntos del carné; restan de cuatro en cuatro, para el que crea que va de coña el asunto, en el caso de que atropelle el carrito de los helados con el disco en rojo. Luego, creen que en la administración no hay gente que sabe pensar cómo llegarle al bolsillo al contribuyente, otra forma de adoctrinar igual que la palabra apocalíptica, que el convertíos y creed en el evangelio, la fórmula infalible con la que suele aporrear el miedo la puerta de los cuerpos mortales. Gran aliciente para la juventud, temblorosa en los portales del entorno de los colegios e institutos mientras se mentaliza con el primer chiflo mañanero (la definición es patente de profesores de Bachillerato que barruntan el devenir de los alumnos igual que los poetas del 98 el resultado de la guerra de Cuba).

Ni un volquete de profetas
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