martes 20/10/20

La nueva España de iris y pupilas

La mitad de los problemas derivan de no hablar claro; el resto es por causa de no ver las cosas como realmente son. Mirar y ver forman parte del campo de resolución de los ojos, ese espacio que habíamos abandonado de forma inexplicable en los últimos tiempos, hasta que las mascarillas que nos remiendan el jerol obligaron a centrar el tiro. El tiro de la vista, que es un punto de mira subjetivo basado en el instinto, igual que el bostezo o las ganas de dormir. Los ojos estaban para mirar y ahora están para que te vean. Mirar es prêt à porter. Ver, alta costura. Por eso, los carnés de discreción se emiten sobre la base de oír, ver y callar. No se contempla otro parámetro. Todo vuelve a empezar por los ojos; así afecta el coronavirus a la vista, de la misma forma que modula la tos como elemento de medida de la voz. La primera vez que miras a alguien, la primera vez que lo ves; la nueva normalidad entra de frente por los ojos. Es la estética de la pandemia en ese horizonte de pupilas, de cruces infinitos de miradas en los que siempre hay un iris que no nos va a dejar ver el bosque. La estética de la pandemia, la realidad de la nueva España, es el regreso de los ojos al primer plano, junto a las pantallas divididas por el Zoom, los trenes vacíos, los anuncios de los besos con condón. Cómo iban a pensar los hipsters que la proyección de su apariencia quedaría diluida por un apósito de clase FFP2. Vuelven las miradas que perdimos por descuido, los ojos que se ahogaron en desiertos lacrimosos. Las mascarillas eliminan incertidumbres. La línea que cruza entre mirar y ver es la misma que serpentea entre la coincidencia y el destino; los ojos deshacen la duda entre sonrisa y mentira a la que hasta ahora inducían y debían resolver los labios. Mirar y ver. Persona y personalidad. Sin filtros. Mirar a Pedro y ver a Largo Caballero; a Igea, al mirar a Mañueco; las veletas que emergen sobre la bisagra de Ciudadanos; los que recuerdan a Hernández Mancha con Casado en la tribuna. Los ojos son elemento fiable para ayudar discernir; a la masa, en la decisión global de hacia dónde corre las cortinas para que no se quite el sol del salón del bienestar; al individuo, en ese momento íntimo de elegir entre mayo y las almas que viven atemorizadas por los viejos prejuicios.

La nueva España de iris y pupilas
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