jueves. 09.02.2023

Las pastillas que quitan el sueño

A un tris estamos de quedarnos sin pastillas para no soñar por no tener receta; sin pautar, ya no es posible ni hacer un filete, vuelta y vuelta, si se puede decir filete, en los momentos del revisionismo que llevará a cambiar hasta los guiones del cine histórico para que en las películas de bacanales romanas se sirva tofu, en vez de venados en su salsa. Las mejores recetas siempre tienen que llevar queso, y carta libre para surtir el botiquín de medicamentos que permita sobrevivir al invierno sin salir de casa, a atmósferas de virus y vientos dominantes de defensas por los suelos. Ojo con ese corsé a la libertad, que lleva al contribuyente a la sensación de vivir desabastecido luego de tanto tiempo de disfrute y barra libre; así que quemamos los mejores años de la libertad entre caldos de cefalosporinas, clavulónico como para una rave, amoxilicina, azitromicina con café, batido de codeína y emulsiones de guanosina, hasta que el cuerpo aguante, y el aparato excretor reciba señales de evacuación total, con las válvulas de escape del hígado a punto de saltar por los aires. Un poco de toseína disuelto en una bebida gaseosa, con tapa de gominola, garantiza un viaje que te vas; literal. Y, de repente, resulta que es más fácil comprar farlopa que ibuprofeno. Prohibir sustancias para atenuar las emociones va a tener consecuencias desastrosas en la salud social, a la altura de ese vendaval que se desata cuando en la cola del supermercado una voz ordena que hagan el favor de pasar por la otra caja en el orden establecido. No saben lo que hacen; o sí. Y tal vez, por someter las mentes, que frente a los lineales vacíos de productos que dopan el libre albedrío, no responden a otro estímulo que al orden del síndrome de abstinencia. Vamos a pasar de tener la felicidad al alcance de una dosis de benzodiacepinas en las viejas boticas de guardia a buscarla en los mundos lejanos que recrea la máquina viscosa del mundo imaginario, que viene de serie con la zona cortical de la nuca, cuando las ideas pasan a obsesiones, y las obsesiones al carril de las neurosis, en un proceso que habría evitado una pastillina, que se traga sin saliva. A ver quién implora al médico una receta con algo para no soñar. Para no soñar qué; si se pide una soga para escalar a una cumbre, o es una soga para anudarse al cuello.

Las pastillas que quitan el sueño
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