lunes 25/10/21

Que venga Extremoduro

LEÓN EN VERSO | La próxima generación nacerá huérfana de excelencia. No lo van a creer; León se va a quedar sin gira de Extremoduro igual que sin abuela, o fuera del mapa autonómico

Eso de beber rubia la cerveza pa acordarse de su pelo resulta sublime; aunque sea el inicio de la mudanza para vivir debajo de un puente. En otro pasaje soberbio de su amplio repertorio, comparte su intención que herir las emociones; de qué, si no, sirve un filósofo que no hurga en el lecho de los sentimientos. Llegado el caso, también dispone de letras y melodías suficientes para enjugarlos; da igual dónde. En un regazo, en unas caderas, o en un diván. Nueve de cada diez expectativas acaban enroladas en un propósito que ya circuló por las estrofas celestiales que receta la vida. Nada que corresponda a los prejuicios que espantan ante tipos que salían del ambigú con pinta de haberse comido a dios por una pata y no hicieron más que alumbrar versos, reventar la piel, aplacar la furia, desatar la ira, acariciar recuerdos, inspirar locuras; alentar esperanzas y estados ánimo, que son la esencia del porvenir. Voy a rasparme, a ver si prendo... y recorrer de punta a punta la ciudad, quemando todos tus recuerdos...

La próxima generación nacerá huérfana de excelencia. No lo van a creer; León se va a quedar sin gira de Extremoduro igual que sin abuela, o fuera del mapa autonómico. A Pedro Llamas no se le escapaba esta pieza en la primera mano; y sin perrina, ni nada. Ya tardan en enviar un emisario para encajar la fecha; un hueco habrá, cualquier noche, mientras van y vuelven de Monfragüe al norte, en esa vía de la plata fundida por la era de la social democracia temprana; un desvío desde el trópico de Venus, que León está ahí al lado del poniente. Con sus parajes y sus circunstancias, exprimidos de un título de la discografía de la banda de Plasencia: el sol de invierno calienta un suspiro acompasado que lleva por encima del bien y del mal y arrulla en la nana cruel, causa de la dulce introducción al caos y auxilio en el camino de las utopías del que sólo podría apartarse si un espíritu imperecedero pone a salvo el ego del fatal efecto de los grandes éxitos y fracasos. No hay caso de pueblo íbero que se reconozca más en las letras de Extremoduro que los leoneses, viejos astures, hasta para dejarse llevar por el eco de un suspiro acompasado. Sin abundar en el asunto de que, en tierra de conquistadores, si no puedes irte lejos, te quedarás sin pellejo. Cualquier tema de conocimiento del medio en la escuela secundaria podría incluir este contenido para ser fiel a la realidad.

Que venga Extremoduro
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