sábado 24/10/20

Sol de invierno

Después de tanta refriega, quedan aún lagunas como estepas en el entendimiento; que si es por el color de los ojos o por el calor de la mirada; si la puerta gira hacia adentro, lo que obliga a ceder, a retirarse y si se empuja, termina por cerrarse. Que, a veces, llaman para ver si se abre, no porque quieran entrar. La única certeza que admite es que no tolera titubeos, Si hay dudas, no es. Borra el camino y quedan las huellas; para poner el acontecimiento a la altura de los imperios, siempre en riesgo de desaparecer en el caso de que muera la idea que los sostiene. Tiempo después de debate, el consejo de sabios descubrió que la base alimenticia es el deseo; deseo en crudo, el deseo de los valientes que saben que siempre es mayor la cicatriz que deriva de huir que la de enfrentarse. El deseo, que permite vivir sin ser feliz porque prolonga la esperanza de llegar a serlo. Hace falta reseñar la atracción irresistible de las relaciones afectuosas, que se envuelven en el peligro de la ambigüedad; no como las relaciones formales, tan claras y tan puras, que sustentan el orden mundial sobre todos los ritos en los que se asientan; en estos días de febrero fluyen torrentes en dos rasantes; para los que se quedaron secos de lágrimas porque no son capaces de acercar la luna llena a la mesita de noche; de las almas que lloran desconsoladas, por querer sorprender a su novio con el mismo obsequio que le va a regalar su esposa. Hay materia vital que no cabe en el código civil. Sustancia que define la sensación de reloj cuando evapora en segundos los momentos con las personas que más quieres. Es física, por la ecuación de Dirac, que explica cómo dos partículas que interactúan se comportan para siempre como un solo sistema aunque estén a galaxias de distancia. Hace milenios que la historia ofrece una causa bipolar; por Adán y Eva; por Espartaco y Mesalina; por Luis Miguel y Ava; por José Luis y por Delcy; por Cleopatra y por Julio César. En contra de la idea podrida de los románticos, ni hace más fuerte ni mata; como mucho, suele regresar, a ver si queda aliento por las esquinas de corazones arrasados. En pleno 2020, hay gente pendiente de una maleta improvisada, un mapa de los Alpes y un cofre de besos ocultos por si, de repente, ella llama. Puedes cambiar lo que haces; pero jamás podrás cambiar lo que quieres. Eso basta para entender la vida. Eso lo explica todo.

Sol de invierno
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