martes 20/10/20

Venga a nosotros tu reino, Revilla

Resulta que no se puede poner una piedra encima de otra, porque desazona la paz del oso; pero, al otro lado de la raya, se acaban de marcar una solera de aglomerado que admite una pachanga de once contra once, con la distancia saludable a salvo, incluida la línea imaginaria de los reservas. El límite territorial de León con los vecinos del norte lo es también por el abismo que hay entre querer y poder, la decisión y la matrería, el comer y el ver comer. Los panes prohibidos para Llánaves se multiplican con peces y se mojan en el vino en los milagros de las bodas de Caná que se marcan los gobernantes que sí miran por sus pueblos, al otro lado de la linde, en la loma que diferencia dos mundos; si San Glorio fuera el muro, Baviera entraría a la Vega de Liébana y Turingia marcaría el devenir por las Tierras de la Reina; a aquel lado, la playas de la República Dominicana, a éste, Haití, con sacudida sísmica incluida. Desde el mirador de Llesba se intuye Londres, allá al fondo, por detrás de las crestas de Picos que enseña como parte de la corona de un tesoro que vale lo que avienta. No más. León envejece a la espera de vidas que no le van a dejar nacer, algunas abortadas en la concepción; otras, reventadas a la misma hora del alumbramiento. De los modelos posibles para la montaña leonesa, el de la Nochebuena y días mejores de los Pirineos, del circo financiero de los Alpes y los saltos de año nuevo, de la élite europea en Saint Moritz, eligieron la patente de las Hurdes 1950. Pues igual con todo. Con la opción de impulsar el territorio o con el equipo de fútbol al borde de la Tercera; cuanto más pobres, mejor; más control, mejor se somete. Cortina d’Ampezzo tiene el mismo fondo invernal que Boca de Huérgano; la diferencia está en los cancilleres que mueven los hilos. Hace falta papo para recordar el memorándum de cesión de los terrenos; y la lapidaria frase posterior sobre los hábitos de los plantígrados, que no conocen de fronteras, que justifica toda inacción y barre el suelo de esperanza. El funicular de Fuente Dé reaviva la duda sobre dónde estaban los del teleférico de Vegacervera cuando pasó lo de Riaño. La cara norte está jalonada con la firma Gobierno de Cantabria. Lean; lean en voz alta el primer apellido del gobierno de este lado del cordal.

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