lunes 24/1/22

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De las mascarillas, artilugio tan tentador de convertir en mordaza a poco que se empujen los sueños del comité de expertos de la Moncloa, la mayor certeza es que se puede terminar con las orejas en modo asas de la recopa de Europa mientras no se ejerza control racional alguno de la goma que ajusta a la nuca, que tiene que hacer clic, como cuando dos almas se ensamblan por primera vez. Otra respuesta tardía, insuficiente, ineficaz. Salvo los omniscientes, que ya estaban ahí cuando el Ébola, las gripes aviares o la crisis de Lehman, tratamos de creer que habrá mañana sin los tutoriales sobre cómo maniobrar el antifaz y soltar los guantes sin tocar el interior, mientras los jóvenes retozan en los parques al mediodía de la baja Sajonia y el Rhin levanta la trapa de los comercios poco después del canto del gallo.

No debe ser fake, porque las imágenes llegan limpias, sin el filtro del pasa puré informativo de las teles del régimen. Ese día, ese, que el coro de felatrices le preguntó al primer ministro si habría verano en la playa, Angela Dorothea advirtió de que esta pandemia no ha superado la primera fase. Resultado: los bávaros no están en arresto, mientras a los íberos se les administran calmantes en dosis publicitarias, con mensajes infantilizados sobre la paz interior que produce que el banco de ahí al lado, el de tu vida, no te vaya a dejar pelado porque vence el pago y no queda un clavel; extenuados guionistas buscan perfiles al campo semántico de la unidad, familia unida, pueblo unido. Economía de posguerra.

La inspiración de la fortaleza cuando jamás se estuvo tan débil es un recurso efectivo para que haya una comunión sin fisuras en torno a que nadie va a quedar atrás, y que esa luz que se ve al final del túnel es el puto pico de la curva. Con la naturaleza de la zanahoria se imagina el tenor del palo. El final del invierno sobrevino mientras la clase dominante del país tricotaba pancartas contra la amenaza heteropatriarcal y Angela Dorothea ponía en guardia a los ciudadanos ante el mayor reto desde 1945, que llegaba de oriente. El asesor de Angela Dorothea pide financiación para estudiar a los tanukis, perros mapaches que orientan tanto del bicho como el laboratorio del que se dio el piro, en el centro de Wuhan; los asesores autóctonos dan instrucciones por la tele sobre cómo atar mascarillas. Ya, en la nueva temporada de la hormiga y la cigarra.

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