lunes 28/9/20

Estado de emergencia

Ya hemos hablado más veces de la emergencia climática, un término que desde la propia Federación de Asociaciones de Periodistas de España (Fape) nos desaconsejan utiliza en los medios de comunicación, por la propia definición de la palabra. Según la RAE, una emergencia es «una situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata». Lo que pasa es que si llevamos dos años hablando de emergencia climática, ya no sólo en los medios de comunicación, sino en foros de medio ambiente y políticos, la palabra pierde su fuerza, y con ella su efectividad.

Consciente de este desgaste, el Gobierno, con su vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, a la cabeza, aprobó oficialmente el pasado martes el estado de emergencia climática en España para hacer frente con más contundencia a los graves impactos derivados del cambio climático.

El estado de emergencia se dicta, generalmente, en caso de perturbación de la paz o del orden interno de un Estado, ya sea a consecuencia de catástrofes, brotes de enfermedades contagiosas, graves circunstancias políticas o civiles que afectan e impiden la vida normal de una comunidad, región o país. Parece que pese a quien pese el tema va en serio, y ya no hay tiempo para las medias tintas. Por primera vez en este país, un Gobierno se pone de acuerdo con comunidad científica que lleva años reclamando una acción urgente para salvaguardar el medio ambiente y conseguir cuanto antes los objetivos de neutralidad climática, es decir, que la acción del hombre no repercuta en el sistema climático global.

Para conseguirlo se han puesto sobre la mesa 30 líneas de acción, cinco de ellas en los 100 primeros días, para hacer frente a la crisis climática y aprovechar los beneficios sociales y económicos que ofrece la transición ecológica. Entre ellas, alcanzar las emisiones netas cero no más tarde de 2050, impulsado para ello un sistema eléctrico 100% renovable, definir la senda de descarbonización, para lo cual necesitará plantarle cara a Europa para que sea más generosa con el esfuerzo hecho por España al anticipar el cierre de sus minas, y blindar al país frente a los impactos y riesgos del cambio climático. Nos espera un largo y complicado camino hacia la paz climática. La guerra ha comenzado.

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