domingo 25/10/20

La nueva revolución francesa

La Comisión Europea ha aprobado este mes la modificación del Reglamento Reach sobre el uso de la munición de plomo en humedales, un reglamento que en principio cuenta con el respaldo del Gobierno de España, que alega que el plomo «contamina» y «hay alternativas como el acero o el bismuto». No me esperaba menos de una ministra, Teresa Ribera, que se declara abiertamente antitaurina y contraria a la caza. Es la excusa que necesitaba para iniciar una cruzada contra la actividad cinegética, y si no, atentos a lo que está sucediendo en Francia, donde para empezar ya se ha suspendido la caza de la tórtola, por la fragilidad que como en España presentan sus poblaciones, duramente castigadas por la temporada de caza iniciada en agosto, y ha seguido con la prohibición del silvestrismo, la captura en cautividad de aves, con el objeto de su adiestramiento al canto.

Lo que está sucediendo en Francia con la caza es toda una revolución que amenaza con extenderse por toda Europa. Un periodista vegano y un empresario multimillonario francés emprendieron a principios de julio una campaña que tiene como principal objetivo un referéndum de iniciativa popular (RIP) prohibicionista para acabar con la caza en este país. La idea ha corrido como la pólvora por las redes sociales donde ha conseguido el apoyo hasta el momento de 25 organizaciones animalistas y miles de ciudadanos, que han firmado para apoyarla. El debate ha saltado a los medios nacionales afines al prohibicionismo y los cazadores han tenido que salir al paso para advertir de las graves consecuencias que una medida así tendría para la naturaleza y la sociedad rural.

Cuando en España todavía no se ha sabido dar una respuesta razonable a la caza en los parques nacionales, actividad prohibida por ley y que se mantiene en espacios como Picos de Europa, me cuesta mucho pensar en una prohibición general de una actividad de que dependen muchos puestos de trabajo y mucha economía indirecta en el medio rural y para la que no hay dinero suficiente en las arcas públicas con la que indemnizar su cese. Yo sigo pensando en que la educación y el sentido común se imponga a las prohibiciones y las nuevas generaciones nos den una lección de respeto al mundo animal que nosotros no hemos sido capaces de darles.

La nueva revolución francesa
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