miércoles 14/4/21

Siempre puede ser nuestro zapato

No sé si es porque ahora tengo perro y me he concienciado más con este tema, pero realmente no cuesta nada. Me refiero a agacharse y no mirar para otro lado o hacerse el despistado con el móvil mientras nuestra mascota hace sus necesidades en la vía pública.

Es más que notable el incremento de perros que hay en la ciudad. No sé si con estos meses de pandemia hacerse con una mascota nos ayuda a hacer un poco más llevaderos nuestros aislamientos, nos llena de felicidad en estos tiempos en los que pocas cosas nos alegran, y nos «empuja» a la calle a pasear. Sea el motivo que sea, tener un perro implica muchas responsabilidades, la primera con el animal al que hemos adoptado, al que estamos obligados a dar un bienestar y muchos cuidados. El segundo con nuestros vecinos, con los que compartimos la vía pública.

Ya son demasiadas las veces en las que siento vergüenza ajena cuando paso por determinadas calles «plagadas» de excrementos. Es asqueroso, denunciable y, por cierto, motivo de una sanción que llega hasta los 1.500 euros en algunas ciudades de España. Pero no hay que preocuparse, ya que no limpiar la caca de nuestras mascotas sale prácticamente gratis. A pesar de que en la provincia hay censados actualmente 127.434 perros, en los dos últimos años sólo se han tramitado tres denuncias a ciudadanos que no han hecho uso de la bolsita. Y es que es muy difícil pillar al infractor infraganti, y no me refiero al pobre perro cagando, sino a su despistado dueño, al que puede ser muy difícil atribuirle el marrón, a no ser que te lo montes como en Málaga que tienen un registro genético de sus perros y que a través de una prueba de ADN a sus cacas multan al dueño que las haya dejado en la vía pública. Vamos que el paquete le llega a casa.

Creo que no debería ser necesario llegar a esos extremos, vamos que no veo yo que la Policía Local se convierta en un CSI canino a la busca del guarrete infractor. Como siempre pasa en estas cosas con un poco de educación y del sentido del civismo tendría que ser suficiente, porque al fin y cabo la caquita que no recogemos o que no recogen los demás, siempre puede acabar en nuestro zapato. ¿De verdad es eso suerte?

Siempre puede ser nuestro zapato
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