lunes 16/5/22

Ni ‘cash’ nos dejan

Un principio básico de garantía de inclusión financiera es que allí donde se paga en efectivo se pueda disponer de acceso al dinero contante y sonante. Lo dice el Banco de España. Y si es un derecho básico debería de estar garantizado, como el acceso en igualdad de todos los ciudadanos al conjunto de los servicios fundamentales. Pero no es así. Sobre todo en León, la provincia de todo el país donde mayor número de personas (casi 75.500) no tiene acceso a sucursales, cajeros, o algún tipo de mecanismo con garantías que les dote de cash. Y eso hace que la población rural, envejecida, con menos renta y recursos educativos y vitales más limitados, se apunte otro flanco de vulnerabilidad para resistir en el territorio por el que bucólicamente (y de forma mentirosa) se suspira en pandemia o sofoco urbanita, pero que en realidad se abandona a la suerte de otros, que sacan mayor tajada en foros más concurridos y autosuficientes tecnológicamente.

La brecha de aislamiento y retraso del atomizado universo rural leonés suma con cada paso en pos de la eficiencia del conjunto del sistema un escalón más en el precipicio de la desigualdad. El mismo informe del supervisor sobre la vulnerabilidad en el acceso al efectivo lo reconoce: la desigualdad avanza a más velocidad en unas zonas que en otras, y en Castilla y León en general, especialmente en sus provincias más desfavorecidas como León en particular, lo hace a pasos agigantados respecto al resto del país. Es cierto que el minifundismo administrativo, la orografía que ha complicado históricamente las comunicaciones y la nula capacidad reivindicativa de la población anclada en estas zonas les convierte en candidatos idóneos a padecer la desidia de quienes pescan en caladeros más rentables. Pero ¿qué tienen que decir quienes están creados y cobran (y recaudan) para defender estos intereses?

La exclusión financiera del mundo rural viene siendo objeto de taimado debate últimamente. Se apuntan soluciones y fórmulas que el propio Banco de España recoge en su informe, con la misma concreción que las de los políticos locales: nada que llevarse a la práctica. Qué prisa puede haber. Para cuando se resuelva algo tangible quizá ya no sea necesario. No habrá abuelos que necesiten euros en el bolsillo para hacer frente con confianza a sus gastos. Entonces todo se pagará desde el móvil y la nube. O no. Quizá entonces no haya nadie ni nada que pagar en el pueblo. Mejor. Problema resuelto.

Ni ‘cash’ nos dejan
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