sábado 27/2/21

Un año para no olvidar

Hemos despedido el año 2020 con un chaparrón de patadas, cortes de manga y todo tipo de improperios, y estrenamos el 2021 con cierto recelo, oteando desde la puerta que comienza a abrirse un horizonte que sabemos que a corto plazo no va a ser favorable, pero con la esperanza de una remontada definitiva que deje atrás las olas de contagios y muertes y las restricciones. Tomamos las uvas como quien bebe la pócima para olvidar un año terrible. Conviene, sin embargo, esforzarse tanto en no olvidar como en aprender. En tomar nota y coger impulso porque para muchos vienen curvas. Y no hay un minuto que perder. 


No se puede dar carpetazo sin más a un año aciago, porque la herencia permanece aquí. Hay muchísima gente sufriendo, atrapada en una situación cuya salida, al menos la económica, se plantea más que compleja. Que tardará tiempo en restañar sus heridas y volver a la normalidad, sea lo que sea ésta en el futuro.

 
Torcer el brazo a la pandemia puede ser el objetivo más visible, pero desde luego no es el único. Y no hay respiro que darse. Ni las instituciones ni quienes lucen los galones de representar algún cargo pueden bajar los brazos ni un segundo. Es más que nunca el momento de demostrar liderazgo (que no afán de protagonismo) y capacidad de generar oportunidades de futuro. 


Quizá, si se levanta la vista de la pandemia que todo lo acapara, hacer examen de conciencia de lo que arrastramos desde hace demasiado tiempo. León ha dejado pasar oportunidades, las que debían venir de fuera y las que tendrían que haber sido concebidas desde dentro; se ha dejado comer la merienda en demasiadas ocasiones, no ha sabido vertebrar el hartazgo de sus ciudadanos hacia un ejercicio de exigencia rentable con las administraciones. Hemos visto una y otra vez, y ahora estamos inmersos en similar vodevil, rimbombantes llamamientos a la unidad de acción para sucumbir a las mismas dinámicas dinamitadoras de todo cuanto podía hacer viable una reivindicación eficiente. 


No, no es cuestión de olvidar el pasado. Ni siquiera un año pésimo que sobrecarga el pesado lastre que queremos sacudirnos de encima. Hasta para  sobrevivir hay que echarle redaños al recién estrenado curso. Pero, ¿por qué conformarse sólo con eso? 

Un año para no olvidar
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