miércoles 3/3/21

Colapsamos

o por la pandemia, que también empuja acelerando el proceso. Sino por el propio agotamiento del modelo, abocado a colapsar porque exige un gasto de recursos infinitamente creciente en un planeta finito, que en cada vez más aspectos pregona agotamiento. La pandemia ha venido a descabalar un proceso que ya se presentaba alocado. 
Frente a la evidente falta de sostenibilidad de un sistema que hace agonizar el entorno los dirigentes exigen a los científicos recetas en probeta con las que eludir la toma de decisiones con inevitable coste político asociado. Mientras, despliegan homilías redentoras en forma de planes de transición ecológica y energética que a menudo se basan en patrañas. A la raza política le salva el cortoplacismo de sus cuatro años de mandato. La misma cortedad de miras que nos condena a todos. 
Alerta sobre este proceso Antonio Turiel, científico leonés enredado por profesión en los vaivenes de las mareas desde el Instituto del Mar del Csic; mientras por vocación alimenta conciencias con escritos, conferencias y un blog (The Oil Crash) que ponen los puntos sobre las íes del agotamiento energético y la limitación de las respuestas científicas, por más que a ellas se aferren los programas políticos. 
Turiel publica esta semana Petrocalipsis, un análisis que  más allá del comercial título de la portada (exigencias de la editorial) hace una reflexión que trasciende lo científico y lo económico. Si es que las disciplinas que afectan a la humanidad y el planeta pueden separarse. 
El mundo ha llegado a su tope de producción de petróleo, y la covid viene a acelerar una crisis que se traduce en decrecimiento económico. No será coyuntural, a pesar de que hablar de recortes es tabú; porque el planeta se agota y no admite más este modelo de consumo desbocado e irracional. La respuesta no es científica, porque no hay magia de laboratorio que disfrace que las renovables sustituirán como máximo al 40% de la energía que producen los combustibles fósiles (también nuestro carbón), insostenibles por otra parte medioambientalmente. 
No hay más salida que el cambio social, pero ¿quién asume el coste? ¿Políticos que si aceptan esa responsabilidad tendrán contestación y los días más contados? ¿Cómo responderá la ciudadanía a un imprescindible ajuste que (para qué negarlo) sólo ahondará la fractura social? 
Pues esto es como cumplir años. Fastidia envejecer, pero si se piensa en la alternativa...
 

Colapsamos
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