lunes 24.02.2020

Las oportunidades perdidas

Saben aquel que dijo: ¿Qué es peor, la ignorancia o la indiferencia?; a lo que el otro contestó: Ni lo sé ni me importa. Pues algo así pasa a veces con nuestras empresas, a juzgar por lo que esta semana expuso en León el director adjunto de la representación de la Comisión Europea en España, Jochen Müller. Se pierden muchas oportunidades. No ya de ir de la mano de las políticas y programas comunitarios, sino incluso de aprovecharse de los beneficios que fijan los acuerdos que la UE negocia, a los que pueden acogerse todas las empresas que cumplan las condiciones.

 

Pero no siempre lo hacen. Sorprendentemente. O no. En ocasiones hay tanta ignorancia como falta de interés, lo que resulta paradójico cuando se traduce en un menor beneficio para las empresas, precisamente esas que se esfuerzan en buscar nuevas vías de negocio.

 

Explicaba el representante europeo que muchas compañías que exportan no aprovechan ni siquiera las exenciones arancelarias de las que podrían beneficiarse si van con los tratados de comercio comunitarios por delante. Comenzamos a buscar culpables, ese deporte que hace que te quites de encima responsabilidades y te quedes igual de pobre y pasmado, pero más relajado al echar las penas en la mochila de otro. Las cámaras de comercio, el Icex, las administraciones,...

 

«Y las propias empresas. La información está al alcance de todos, en nuestra web pueden encontrar cuanto necesiten, y si no, preguntar», apuntó Müller. Cierto. La responsabilidad es de todos, no se puede delegar hasta el final en los otros lo que principalmente nos compete a nosotros. Aunque sólo sea porque redunda en un mayor beneficio propio.

 

Lo cierto es que tiene bemoles esta limitación generalizada para conocer lo que nos atañe, preocuparnos por lo que nos rodea y esforzarnos en planificar con la información necesaria los proyectos en los que nos embarcamos.

 

La reflexión es toda una cura de humildad en este ambiente en el que quien sonríe o llora es porque ya ha encontrado a quién cargar la culpa de sus problemas. Y todo un ejemplo a tomar en cuenta. No hay ayuda que valga si no eres capaz de ayudarte a ti mismo. Lo cual no quiere decir que las instituciones no tengan que espabilar y dar lo mejor de sí, que hay margen. Porque ese es el único objetivo de su existencia. Ojito.

Las oportunidades perdidas
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