sábado 27/2/21

Tanto por hacer...

Los medios parecen haber fracasado a la hora de combatir los bulos». Una tarea titánica, cada vez más, cuando las fórmulas digitales empujan a «una época en la que la impaciencia, la velocidad y el resumen lo dominan todo». Es el problema de las redes. Aún así, el «mercado de ideas debe de ser lo más libre posible». Que digan lo que quieran, aunque sea falso; aunque sea cada vez más difícil establecer la norma que regule la incansable burbuja y la volatilidad de las intenciones mentirosas y manipuladoras.

Los entrecomillados son de Bob Woodwdard, el incansable Pulitzer (doble) que destapó junto con Carl Bernstein el Watergate que en 1974 logró la dimisión del presidente Nixon. Ahora publica Rage (Rabia), su segundo libro sobre el terrible Donald Trump.

Una obra a la que le faltará siempre un último capítulo, que sería fundamental: el incomprensible asalto al Capitolio, una piedra más en el zapato de los principios e ideales con las que este año recién estrenado nos viene sacudiendo.

Aún así, las reflexiones del veterano periodista sobre las nuevas fórmulas de comunicación (no confundir con información) y los límites de la libertad de expresión son una buena base sobre la que plantearse dónde estamos, y sobre todo hacia dónde caminamos. O tropezamos.

Pese a que la justicia ha tumbado todos los pleitos urdidos por Trump para convencer de que es un fraude electoral el que ha dado la victoria a Biden, millones de personas siguen creyendo las patrañas del magnate gobernante. El presidente ha sido siempre un «especialista en decir cosas que no son verdad». Aún así, ¿es lícito que grandes medios de comunicación e imperios tecnológicos censuren sus delirios? ¿O debe ser la libertad de expresión un principio a respetar por encima de esos controles (también, desde luego, interesados)? Woodward habla de las ideas como un «mercado», así que defiende esa libertad.

Frente a esta espiral creciente sólo cabe el espíritu crítico y el sentido común. Y ambos han de ser educados y entrenados desde temprana edad. Sólo así se es capaz de separar el grano de la paja en la verborrea que atruena los grupos de comunicación y redes a los que nos vemos sometidos. Librarse de la toxicidad de las mentiras y mangoneos es un ejercicio de responsabilidad individual. Porque en cada grupo hay trumps dispuestos a gritar sus patrañas sin empacho. No callarán. Pero no tienen por qué ser atendidos.

Tanto por hacer...
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