miércoles 26.02.2020

Votantes sin filtro

NUBES Y CLAROS | Nos obligan a ver los debates y entrevistas tableta en mano, para intentar comprobar si la sarta de sandeces que escupen son verdad o una chusca manipulación

Ya tiene lo suyo que la campaña electoral arranque en la noche de Halloween, que nos tiene el vecindario lleno de telarañas y calaveras, y niños ataviados como almas en pena. Quizá una señal de que los fantasmas rondan todo el año. 


En fin, que aquí está ya la campaña, si es que alguna vez se había ido. Lo cual no quiere decir que cambiemos de tema. Vuelta la burra al trigo con los mismos argumentos que nos han aturdido en los últimos meses, ahora en modo exprés, para apurar el round de ciclo corto. Ya ni mítines ni nada, visitas de acá para allá en petit comité y pin pan pun interminable. Los mismos mensajes lanzados desde distintas ciudades a los mismos contrincantes, tierra quemada para cualquier futuro acercamiento y mucha nada sobre lo que realmente nos importa. Porque al final, ¿quién está hablando de lo que nos preocupa, de las bolas de nieve que se nos vienen encima, de los problemas que pasan de unos gobiernos a otros sin encontrar respuestas ni soluciones? ¿Dónde están los programas, el fondo ideológico, o al menos una superficie estética para la nada en la que naufragamos?


En realidad nada no. En la mentira absoluta en la que nos ahogan. Vivimos asfixiados por la desinformación y la manipulación, como creo que nunca antes había ocurrido. Es verdad que las fake news no son un invento precisamente reciente, pero el abuso que se está haciendo de ellas y el descaro con el que se lanzan sin rubor ni cargo de conciencia es todo un signo de que en esta sociedad, y en este gallinero político, hay que hacérselo mirar con urgencia. Ahí están nuestros próceres, aspirantes máximos a dirigir los destinos del país (bueno, de momento a pillar cacho de gobierno, lo otro todavía ni se plantea) soltando por esas boquitas atrocidades sobre lo propio y lo de los ajenos que dejan sin respiración a cualquier mente mínimamente crítica. 


Nos obligan a ver los debates y entrevistas tableta en mano, para intentar comprobar si la sarta de sandeces que escupen son verdad o una chusca manipulación. 


Tienen las de ganar. Una sociedad que no ha sido educada en el análisis y no se cuestiona nada, sino que mayoritariamente engulle aquello que quiere creer y rechaza escuchar lo que no le cuadra, es carne de cañón para ser manejada a placer. El filtro sólo podemos ponerlo cada uno de nosotros. De momento, parece que cuela mucho desperdicio. 

Votantes sin filtro
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