miércoles. 06.07.2022

Minerva endulza la Amargura

Fue por el denominado Acuerdo de Concordia, que se firmó en 1830. Por la desamortización, las penurias económicas habían dejado a las cofradías en precario y la primera penitencial erigida en León, Angustias y Soledad, necesitaba colaboración de la Vera Cruz, que de aquella todavía no procesionaba. Así que para hacer frente al capítulo de gastos, se determinó que cada año en ejercicios alternos, sería turno de cada una. Y a lo que hoy es Minerva, le tocaron los años impares.

Sucede así que cuando es año par y llueve a principios de semana (es el caso), la penitencial de San Martín guarda sus mejores galas —y únicas— para el ejercicio del Miércoles Santo. Y encabezada la procesión por el Lignum Crucis y cerrada por la Virgen de la Amargura, la antesala del Día del Amor Fraterno saca a la calle también a Jesús de la Humillación, a Jesús de la Salud, al Santo Cristo del Desenclavo y a la Señora de la Vera Cruz. Es un buen día para que los egos particulares de paso se pongan al servicio común de la penitencial. Más que nada, porque solo la unión hace la fuerza.

En Santa Marina la Real lo entienden mejor. La peculiaridad de Jesús del Vía Crucis, la única talla de la Semana Santa de León que carece de madero vertical en la cruz y el carácter humilde pero comprometido de la penitencial de nazareno y oro, trae al coro de Montejos del Camino a poner música donde antes hubo silencio. Será en la plaza de San Isidoro.

Jesús de Medinaceli pide su espacio esta tarde. El Silencio saca el Cristo de la Expiración a la calle y se adentra en Santo Domingo, en la Inmaculada y en Independencia. Es una vuelta por el centro con salve incluida. Tallas modernas para confesiones y creencias antiguas. Sería tan recomendable alejarse a veces del ruido...

San Francisco de la Vega recoge a los hermanos del Perdón, ya superados los efluvios del acto de la Catedral. Hoy se guardan en un Viacrucis íntimo y popular. Andadura pone el acompañamiento musical y la Banda de Música de loso devotos de las capas pardas acompañan al Cristo de la Esperanza en las catorce estaciones. Aconsejable pasar al menos una vez en la vida por el acto. El otro Viacrucis se guarda para la medianoche. Es el de las Siete Palabras, que ya vigila el amanecer de sus dos grandes días.

También a medianoche se materializa el recuerdo a Luis Pastrana, en cuya memoria se edita la Ronda Lírico Pasional. Para poner la voz y la palabra, la cofradía del Santo Cristo del Desenclavo elige a Julio Saurina. Viene de familia de papones. Y sabe lo que es meter el hombro debajo de una almohadilla. Habla con conocimiento de causa. Cantarte hace lo mismo con la música. Será con un donativo para la obra social del barrio de Santa Marina. Lo merece.

Minerva endulza la Amargura
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