miércoles 8/12/21

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La verdad es que nunca nos hemos ido. Quizás no nos han dejado pisar el verde (contagios, autoridades, mensajes equivocados, miedos…), pero siempre hemos estado pensando y luchando por nuestro fútbol y por el deporte en general en edades de formación. La vuelta a entrenamientos y competiciones de manera adaptada da una bocanada de vida para muchos y muchas jóvenes que han visto truncadas unas rutinas saludables y constructivas en el desarrollo personal y emocional de sus vidas. En una encuesta dirigida a futbolistas de entre 8 y 16 años promovida por la Federación de Castilla y León de Fútbol, en la que me hago partícipe acerca del impacto covid en el fútbol de formación, nos arroja unos datos muy significativos ante su inminente cierre. Preocupante, aunque esperado, es ver a qué han dedicado el tiempo que ocupaba anteriormente el fútbol en sus vidas y más de un 51% han elegido la respuesta de «jugar a videojuegos», repartiéndose el resto entre «a nada en especial», «estudiar» o «relacionarse virtualmente con sus amigos/ as». Si indagamos el tiempo dedicado a estas actividades nos muestran una cifra de más de 3 horas en contraposición con la actividad física practicada en este mismo período, donde la respuesta más elegida es entre 1 y 2 horas. Pero lo peor de la muestra es que alrededor de un 33% de estos jóvenes todavía no habían podido volver a entrenar por diferentes situaciones. En el mientras tanto por desgracia se ha perdido salud, formación, emociones, relaciones personales y se han ganado como hace ya unos cuantos artículos escribía «dioptrías y calorías». Esa falta de entrenamientos y competición ha influido negativamente en conjunto en el desarrollo físico, en el aprendizaje técnico-táctico y en el estado de ánimo y no lo digo yo, lo dicen los propios protagonistas. El camino ha sido largo, sinuoso y creo que hasta peligroso pero ya se puede recuperar el tiempo perdido al igual que poco a poco lo haremos en la vida diaria con los nuestros. Sí, mensajes de optimismo son los que necesitamos con acciones como esta al mismo nivel que los de precaución. Empezaremos de nuevo acatando las normas que nos impongan, como siempre hemos hecho, para que no nos marquen con el dedo algunos ignorantes. Si hay que jugar con mascarilla se juega. Si no hay vestuarios o cualquiera otra norma habrá que adaptarse a este nuevo período, pero con la certeza de que este es el camino hacia la vieja normalidad. Que no nos pueda el ansia, hacerlo bien es volver.

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