domingo 26/9/21

35 horas de nada absoluta

Cuatro días a la semana y 35 horas semanales. La producción queda para los días de descanso. El Gobierno juega entre aplausos progresistas. El juego, inflar un globo hasta que revienten esquirlas de ladrillo como en la crisis de 2008. Con una deuda pública de 1,4 billones de euros fomentar jornadas reducidas parece el mejor plan de actuación para sortear un colapso económico. La ‘jornada digna’ prescinde de los gremios artesanos que el Ministerio de Industria, por descarte, califica de indignos. Con un sistema laboral en el que ser funcionario es la única acción viable. Nadie quiere trabajar en el sector privado. ¿Para qué? Contratos renqueantes y jornadas abusivas. —Anda y que les zurzan—. Pero, quién va a producir las barras de pan? ¿Quién va a levantarse a las 2.00 de la madrugada para cosechar los campos? Nadie. Con un sistema público sobresaturado en el que las plazas de profesor de secundaria ocupan uno de cada diez solicitantes, generar riqueza parece algo utópico que solamente parece llegar de las ayudas europeas. ¿En que momento esto reventará? El globo se hincha sin parar. ¿Y cuando todos seamos profesores y no queden más mostradores que llenar en la Junta?

¿Quién va a poner el café y el croissant en los 15 minutos de descanso?

Las pequeñas empresas van a comenzar a contratar gente de forma masiva, eso dicen los heraldos, pero la realidad es que: ¿por qué van a contratar a una persona que trabaja menos, por el mismo dinero y que además descansa casi los mismos días que trabaja? Los escasos márgenes de beneficio que genera un pequeño negocio se van al garete, y en consecuencia el paro y la riqueza se van al traste. Subvenciones ¿quizás? Pero la rueda gira y gira.

El socialismo en España se ha vuelto cómodo, feminista y ecologista. Está muy bien ser abanderado del progresismo, claro. Pensar en generar riqueza no va con nosotros. Buscar el voto fácil parece más sencillo mientras la máquina de Bruselas no se canse de parir billetes y las diferentes propuestas parlamentarias caigan en un saco roto. No pasa nada, pero cuando los países del norte de Europa se cansen de financiar proyectos zafios y se rindan unas cuentas que parecen lejanas ¿Qué va a pasar? Hasta entonces, cuando llegue la esperada Agenda 2030 el horizonte parece tranquilo.

35 horas de nada absoluta
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