viernes. 01.07.2022

Ordoño II, 28-30

C/ Ordoño II, números 28 y 30. Ovidio Prieto, 2021
C/ Ordoño II, números 28 y 30. Ovidio Prieto, 2021

En octubre de 1945, Juan Torbado Franco firmó dos «Casas de Renta» para los hermanos Campo Mardomingo y José Luis Botas Martínez en un solar de Ordoño II, cuyas obras ejecutó con Pedro Campo Mardomingo como aparejador. Proyectó una estructura de hormigón sobre dos sótanos parciales para calderas de calefacción y carboneras; la planta baja para tiendas y dos profundos portales con zona de espera amueblada, portería, y escalera con ascensor al fondo para subir a la planta primera destinada a «usos industriales» y a otros cinco niveles con 30 viviendas (15 en cada casa), todas con dos estancias a la fachada principal, tres a la posterior y el resto a los patios de luces. Construyó los alzados a la calle simétricos y tripartitos. Basamento de dos plantas: la baja con atractivas portadas manieristas en sendos ejes y la primera con vanos verticales entre destacadas fajas horizontales de sillería prefabricada. En el cuerpo principal, paños de ladrillo separando hileras recercadas de huecos verticales y antepechos revocados, que escoltan dos frentes axiales, levemente resaltados y estucados, con parejas de ventanas entre esbeltas pilastras de piedra artificial sobre ménsulas, basas áticas, fuste acanalado y capiteles jónicos que apuntalan un enorme entablamento discontinuo: arquitrabe de tres fajas, friso de vanos entre mensulones dobles y una prominente cornisa denticular de coronación… Juan Torbado, hijo del gran Juan Crisóstomo, había iniciado su carrera en sociedad con Ramón Cañas del Rio cultivando el «racionalismo expresionista» de los años 30. A mitad de los 40, ya en solitario, mantenía criterios funcionalistas en la distribución de las viviendas mientras dialogaba con esa arquitectura pseudohistoricista propiciada por el Régimen y hacía gala de su probada formación académica para concebir fachadas de ladrillo y «piedra» con un ostentoso, pero impecable lenguaje clasicista, de indudable carácter epidérmico… Puro «fachadismo» perfectamente conforme al «espíritu de la época»… ¡Un profesional!

Ordoño II, 28-30
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