miércoles. 06.07.2022

Residencia de Dominicas

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En junio de 1969, atendiendo la necesidad que la ciudad tenía de «Residencias adecuadas para niñas y jóvenes estudiantes de Enseñanzas Medias», Miguel Martín-Granizo Casado proyectó este Colegio Menor Femenino para las reverandas madres Dominicas, en un solar irregular de la calle Suero de Quiñones con salida trasera a R. Álvarez de la Braña, cuyas obras ejecutó con Francisco Álvarez García como aparejador. Destinó el semisótano a servicios del inmueble, aula y sala de usos múltiples. La planta baja con los accesos, principal y de servicio, cocinas y comedores, dirección, sala de visitas y capilla iluminada desde el patio por vidrieras. La planta primera para salas de estudio y habitaciones de religiosas. Y las tres últimas para dormitorios de residentes accesibles por dos escaleras: principal y de servicio. Dispuso el frente a la calle marcado por un cuerpo de cuatro plantas, reticulado, irregular, con franjas de piedra delimitando recercados paños apaisados, ventanas de aluminio y antepechos de ladrillo. La planta baja sobre un zócalo calado, con la puerta de entrada a la derecha y a la izquierda un muro ciego del mismo ladrillo pardo tipo Puig que cierra la capilla significada por una cruz «deconstruída» de Mateo Tito, artista de reconocido prestigio en el mundo del Arte Sacro, proclamando la integración de las artes y autor también de la vidriera que ilumina la sala de visitas, con la cruz blasonada de los dominicos a modo de «hélice», de «turbina» sugiriendo un movimiento giratorio, centrífugo, de los planos que dibujan esta espléndida fachada, plenamente abstracta y en innegable equilibrio dinámico, concepto fundamental en la formación del arte moderno, y fruto de este discreto pero formidable ejercicio compositivo realizado por Martín-Granizo en aquel palpitante León... a finales de los años 60… ¡Fantástico!

Residencia de Dominicas
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