lunes. 26.09.2022

A lamentarse, ar

Estamos construyendo una tapia tan alta como el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén para tener una instancia o frontón oficial donde poder ir todos a llorar culpas, pero más que nada, a dar pena a la suprema autoridad... religiosa, civil o, no lo quiera Dios, militar, que la gente del cañón se apunta rápido a dirigir cotarros en cuanto oye un «estamos en guerra», expresión tan usada últimamente en estos trances de nervios y órdenes cuartelarias. Alto ahí, mi general, que se trata de una guerra distinta y larga contra un bicho invisible además... ¿ah, sí?, pues infinitamente mejor, ¡¡matemos esa mosca a cañonazos de una puta vez!!

La Tapia del Tío Lamentos llamaremos a lo nuestro o ¿no hay derecho?: Atiende, Señor, nuestras súplicas, que no acabamos de salir de la Plaga y ya nos ves rotas las velas, con solo un remo y un timón alquilado... danos, Señor, subvención, moratoria y exención de tasas, vuelve a nosotros tu mirada a fondo perdido... Una y otra vez insistiremos en ello mientras damos cabezazos contra esa pared -esa mardita paré que separa tu vía y mi vía, oh Bambino- con más vehemencia que un carnero ultraortodoxo queriendo romperse ahí los cuernos. Ese lamento lo compra el político y lo hace grito para pellizcar voto. La derechita falampa y la cobarde militarizan la queja: ¡a lamentarse, ar!, ordenan; saben que todo dios tiene un drama que cree prioritario o al menos tan urgente como el que más... y encabronarles es tan fácil...

Obreros, empresas, el metal, la hostelería, artistas, jardineros, zurcidoras... interminable será la cola de damnificados; y todos-todos presentan un parte de lesiones víricas de cágate en el misterio. Feo horizonte. Y lo peor: no puede haber para todos. Pues que se jodan los débiles, como siempre, cuestión de selección natural (no nos creamos tan libres de nuestra naturaleza salvaje). Aviso: endurecerán la ley que nos rige desde antes de Viriato, o sea, el cómo debe gobernarse el gobernante según sea amigo, enemigo o indiferente quien le pida y así darle culo o código. Para lo demás, al maestro armero.

A lamentarse, ar
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