sábado 15/8/20

A por la quinta

La Quinta no es una copa, aunque podría ser el producto de algunas de más... ni es un conjunto de personas nacidas en el mismo año... ni es reemplazo anual de soldados que pintarrajean las tapias del pueblo mamaos y meando alto: «los quintos del 83 quilamos más»... tampoco es una «finca de recreo en el campo con una casa para sus propietarios», que de ahí viene quintana (caserío), aunque quizá este último significado de finca particular se acerca mejor a la quinta que aquí comparece, concretamente A Quinta, movimiento político así bautizado por sus fundadores que reclaman la conversión del Bierzo en la quinta provincia gallega y que presentaron su ideario político hace poco en Ponferrada delante, cómo no, del castillo templario, quinta-esencia feudalista que sojuzgó a ponferradinos y bercianos con infamia, tiranía y cepo, aunque hoy lo olvidan o lo perdonan y hasta lo festejan disfrazándose de templarios y creyéndoselo algunos (la psiquiatría trata estas cosas), cuando parece exigir lo contrario el ánimo que recorre y agita el planeta clamando transparencia histórica, revisando tiranos y abatiendo sus señas, sus alardes o anacrónica exaltación en libros, bronces o piedras, que en Ponferrada son casoplón almenado, fortaleza en cuyos muros viven resecos los gritos de los que ahí sufrieron vasallaje, tortura y vilipendio; un respeto, pues.

Así que O Berzo, provinza. Vale. Correto. En ello está media España, en pintar lo provinciano de reino. La otra media copia y aguarda. Cada cual quiere lo suyo: hijuela y portazo. Si León busca ir solo y vuelve a balbucearlo hoy, legitimado está el Bierzo a enrocarse en su sí por los cojones, pues en 1833 ya existió una provincia berciana que duró un ratín, toma del frasco.

Esto va a ser un correquetecagas de víctimas, agravios y ombligo por bandera. Recordemos la matriz: Del mundo, España; de España, León; de León, mi casa; y de mi casa, YO. Sepan entonces los de esa Quinta que Ancares y Fornela pedirán un día lo suyo cagándose en Ponferrada, en los templarines y arriscándose a su bola.

A por la quinta
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