miércoles 25/5/22

A Reverte no

Se celebró hace unos días una exaltación y lectura poética de la obra de Margarita Merino dirigida a bachilleres de varios centros educativos de la capital que llenaban aquel salón municipal. En sus finales intervino algún alumnado musicando y leyendo textos de la autora junto a otros clásicos, aunque hubo quien aprovechó que el Bernesga de las efusiones pasaba por allí y subió al púlpito su cosecha propia, poemita al canto. Fue el caso de un muchacho que ya no pertenecía a los centros allí presentes, un reciente exalumno que ahora estudia Filología según informó su exprofesor presentándole orgulloso de sacar de su taller una promesa de las letras (y futuro genio de la palinodia asonante, susurré a mi solapa). Afortunadamente, su poema fue cortito. Pero al contrario de los alumnos que le precedieron mostrando como es natural ese envaramiento adolescente ante el miedo escénico de un micrófono y tanta concurrencia, la tal promesa del Parnaso se movió con alegre desenfado en su abuso de la palabra yendo más allá de leer sus versos para ensayar una reivindicación fuera de cuento con la que pidió reconocimiento y presencia para la gente queer, explicando a los profanos que con este término inglés se identifica hoy al colectivo (y nación con bandera y todo) de los (y las) LGBTIQ, colectivo al que ya había dejado meridianamente claro pertenecer con su acusada afectación y poses. En su derecho estaba, aunque no necesariamente en su momento. Nada que objetar, salvo ese hacer imperiosa la necesidad de exhibirlo y de venderlo como dejó bien patente. Y yéndose arriba jaleado por algunos aplausos se sumó a la orden de ¡leed, leed! que había reiterado antes una insistente Margarita gritándolo. Leed mucho y leed a muchos, dijo él también, menos a Pérez Reverte, a Reverte jamás. Y ancho como la boca de un pajar se quedó el tío como quien luce una machada valiente. Y así, el respeto que pedía para sí y su colectivo lo desgració en un instante con la intransigencia del odiador fascistilla que él llamaría hater. Mal camino para lo tuyo, rapaz.

A Reverte no
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