jueves 21/1/21

Almarchando

Ahora que viene a León un nuevo titular de su solio episcopal, Luis Ángel de las Heras (segoviano tuneado en gallego en Mondoñedo tres años, lo que le ayudará a entender al cazurro que tiene tanto truco gallego en su carácter), se me tiñe la memoria de púrpura y me atrevo a ofrecerle aquí al nuevo prelado mis impresiones sobre los monseñores que le precedieron en esta sede, los que conocí.

Como se supone que le conocí a los dos años, al confirmarme en la fe, he de empezar por el inefable «Nos, don Luis Almarcha Hernándezpor la Gracia de Dios Obispo de León, Conde de Colle y Señor de las Arrimadas y Vegamián» (gran título, sí señor, Señor de las Arrimadas, ¿y arímate pacá?). De Orihuela, él, procurador vitalicio en las Cortes franquistas y consiliario nacional de Sindicatos, de traza menuda y redondilla, capa de frufrú, sombrero de borlas rojas, con coche repulido de lustroso banderín, doctorado en canónico por Roma y muy leguleyo él, apasionado del arte sacro y creador del Museo Diocesano... pero sobre todo, político, muy político, fundador de sindicatos agrarios católicos, bancas populares o promotoras de vivienda, miembro del Consejo del Reino y conectado con las instituciones civiles o militares (León, tierra de capellanes castrenses). Fue obispo aquí de 1944 a 1970, dimitó y regresó a su Orihuela donde había edificado un santuario a la Virgen del Camino dotado con mobiliario artístico que aquí se amontonaba en los almacenes del museo, pero un año después volvió a León, ¿a morir?, ¿nostalgia de donde fue todo?, instalándose en los aposentos que se reservó en el hospital de Regla que él mandó edificar trasladando piedra a piedra un palacio lejano con la primera intención de convertirlo en sede episcopal, pues veía el actual palacio con demasiado adobe y pobretón para la dignidad del cargo. No pudo ser y acabó en obra hospitalaria.

En su espacioso y gélido despacho, arrebujado en manteo, me concedió para este periódico su última entrevista en vida (antes se la negó al ABC). Y no acabó bien. Ya le contaré.

Almarchando
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