lunes 01.06.2020

Amar en la peste

Ayer parecían muy contentos los que solo echan un cuete o mantecao de Pascuas a Ramos. Les tocaba. Arriba esas palmas. Lo informó una de las dos mil chanzas que circulan cada día de teléfono a teléfono enseñando así a los virus lo que sería para ellos una envidiable e instantánea velocidad de contagio global (risas y miedos corren más que las miasmas; y los odios, más que todos los besos y versos y amores juntos. Los demás, cansados de no hacer nada, van sobrados de jergón sin que pida caricia el cuerpo o replican al roce con un «arímate pallá» entripados al no cesar picoteos y refecciones todo el día, sin duelo y sin mañana, tabletas de chocolate que duran dos suspiros o bolsas de patatas fritas que vuelan con el primer trago de cerveza. Mucha tele-sofá. Poco catre-meneo. Sin embargo, los estadísticos anuncian un boom de natalidad tras este confinamiento como si hablaran de una generación veinte-veinte concebida en una celda vis a vis. «Hay gente pa tó», dijo el torero.

Noam Chomsky, que aún nos da hule o pomada en tardes tristes, admite la posibilidad de que este virus y su guerra fueran diseñados (y qué importa si lo hicieron los americanos -como supone- o los chinos, pudiendo hacerlo, y por las mismas razones comerciales o geopolíticas, los rusos, los iraníes o un científico coreano de alquiler). También augura Chomsky que tras esta pandemia el mundo no podrá ser el mismo (ya veremos, maestro, que como dice la esfinge de El Roto «cuando todo esto pase, nada volverá a ser igual... ¡menos lo de siempre, claro!»), aunque puesto en profeta, es más atrevido el conocido y cotizado artista chino disidente Ai Weiwei al segurar ayer que «el capitalismo ha llegado a su fin», capitalismo que le ha hecho millonario desorbitando la cotización de sus genialidades, así que, forrado el riñón, podrá afrontar mejor que ninguno de nosotros lo que venga después, que será ¿hambruna venezolana mundial? o ¿comunismo capitalista de población disciplinada y obediente como ahora?... por ahí van los tirus y los virus.

Amar en la peste
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