miércoles. 10.08.2022

Bonita mentira

Todo lo que va en folleto turístico huele a gloria. El folleto vale como indicador, pero es poco fiable porque suele exagerar las campanas, es lo propio. Otra cosa son las guías de viaje; las hay buenas y malas, de autor o de carraca editorial. De ellas uno puede fiarse más, pero también muchas son de encargo; por eso prefiero las que escribe un extranjero a las que firma el cronista local, pues lo que el primero no alcanza lo suplirá con una objetividad que al segundo le está prohibida. Por su sinceridad admirada, irónica o hiriente, me impactó la primera vez que leí «Viajes por España (manual para viajeros y lectores en casa)» del inglés Richard Ford, amenísima y documentada crónica que un viajero del XIX trazó de la España más castiza o profunda, incluida esta tierra leonesa. Como toda su cámara era un lápiz dibujador, nos pintó tal cual éramos y hasta él mismo se vistió de nosotros para hacerse algunos selfis (usó ropas populares españolas y viajaba con arrieros como uno más).

Hoy el lenguaje turístico se inclina demasiado a la foto tramposa y a prometer expectativas que llaman a chasco y al «aquí va a volver tu tía». Las trampas salen barrancas. Y algo de esto inunda las guías y folletos ahora que todo el mundo ha de vender turismos como panacea desesperada para aplazar la muerte de los sitios, pero el turismo también daña, degrada (véase el aberrante urbanismo del puerto de San Isidro o el desprecio a la arquitectura propia en Valdeón que lleva a odiosa comparación con la galana Asturias o Cantabria). Yo mismo contribuí en algún caso al desuelle, pues en guías y viajes desvelé algún paraje inédito que habría quedado mejor en su secreto sin verse hoy degradado con chiringuitos, pistas, toterrenos y un Centro de Interpretación del Medio (o del Cuarto, si es que queda). Y ocurre que, al final, si el turismo vuelve, no será tanto por lo natural o histórico del sitio, como por el trato, el calor humano, esa hospitalidad alegre tan escasa en este reino del «al ave de paso, cañazo». O sea, menos folleto y más tacto y trato.

Bonita mentira
Comentarios