viernes 24/9/21

Burros, burras...

M uy poco dura la alegría en casa del pobre... burro. Licenciado de su papel histórico en la faena agrícola o como única montura de la gente humilde, volvió hace algunas décadas al limbo de la ociosidad, ya no se le explotaba y se hablaba en España de la extinción de la especie viendo que los pocos que quedaban eran capricho, nostalgia o reserva cherokee de alguna diputación. Pero eran burros emancipados al fin de su milenaria esclavitud, burros con vida propia, a su albur, icono del animalista liberador, burritos pastando y retozando y sesteando y sacando el mamporro al sol, plateritos y yoes campando a sus anchas. Qué guapos son los burros. Casi todos. Y su mocito, el buche, enternece a cualquiera como el pollino de Srek.

Hablo de burros porque vinieron en una noticia desde Ivars d’Urgell (Lérida), donde una explotación familiar de manzanos y perales ha introducido ocho pollinos para que hagan su tarea; vuelta el burro al curro, aunque solo pastando las malas hierbas y cagando allí para abonarlo todo; regeneración ecológica del suelo, dice la familia que lo cultiva «trasladando a su finca su forma de vivir, la que iniciaron al nacer su tercer hijo, cuando empezaron a comprar alimentos ecológicos que les ha llevado a vivir en una casa pasiva, eficiente, que consume poca energía y no tiene calefacción», cuenta La Vanguardia.

Tanta sensibilidad conmovió a Sócrates, que cree obligado que un día los burros ayuden en esa finca también al acarreo sustituyendo a tractores de letal monóxido, aunque otros ecologistas de aún mayor sensibilidad irán después a manifestarse allí denunciando maltrato animal. Pero más ecológico que un burro campero no lo hay; ponle carrito o alforja y tira millas y frutos. Así se sigue haciendo hoy en las viñas de ladera imposible en el Duero portugués, velo ahí, nieto de garañón zamorano-leonés. Y no veas en todo el África de desarrollo pendiente... o en Afganistán... burros a manta, pollinos menudos que arrean que se las pelan.

Si exiges sostenible, habrás de apostar por el burro... y por la burra, no hay otra.

Burros, burras...
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