sábado 21/5/22

Cincuenta son oro

Cuando uno cumple bodas de oro con un sueño al que le puso patas para no dejar de andar, bien puede sentarse echando la vista atrás satisfecho con lo hecho, aunque sólo será un momento porque la vista le pedirá seguir mirando adelante para imaginar y hacer con los mimbres del futuro otros cestos, unas costanas, colmenas, un moisés, más escriños, una nansa atrapapeces. Los mimbres del futuro sólo se abonan con imaginación a ras de tierra y soñando más andares. Así que no imagino a Joseluis Pradatope arrellanado complaciéndose sólo en mirar atrás ahora que su afán y su negocio cumplen medio siglo (¡lavirgen, 50 años ya!). Esas neuronas suyas son agujas que nunca dejan de tejer nuevos posibles, más ensanches o un nuevo tapete verde para las tierras baldías, a poulo se dice allí. Ocurrencias extravagantes, le decían a Prada cuando empezó lo suyo en una zapatería de Cacabelos que acabó embotellando y despachando vino propio o embotando las excelencias de la huerta berciana. Y así, al poco, el Bierzo que tanto sonaba ya al insistirlo Luis del Olmo en las ondas nacionales comenzó a tener un nombre propio y su eco singular, Prada a Tope, convocando al mundo entero a La Moncloa cacabelense, su primera zancada, o a las franquicias de su sello que plantaron Bierzo por doquier cautivando al desconocedor hasta en el corazón de los Madriles. Y al poco, su sueño de Canedo, el palacio, los viñares, bodegas, hotel, conservas, restaurante, tienda, fundación.... y mucho empleo fijo y contrata estacional que debería convertir al fenómeno Prada a Tope en cursillo o, al menos, tema en las facultades de Económicas, sobre todo la de aquí, y en los nuevos tinglados emprendedores o redentores de la España tiesa que montan viveros de empresas y martingalas de nombre lindo. Y porque apostando por la tierra y lo propio cuando décadas atrás todos desertaban del medio rural, lo de Prada es una hazaña. Que se lo reconozcan ahora haciéndole hijo predilecto del Bierzo es lo mínimo. Y si los que le malenvidiaron o insidiaron le hubieran imitado...

Cincuenta son oro
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