miércoles 19/5/21

Codicia y capital

B oris Johnson comentó en privado que «gracias a la codicia y al capitalismo Gran Bretaña aceleró su vacunación» (media población adulta ya se pinchó). La verdad es que nunca como hoy se vio más desatado al capitalismo demostrando de nuevo que lo mejor que tiene el hombre es su capacidad para lo peor. Javier Marías indaga en ello en su última novela, Tomás Nevinson, pues si hay ocasión, ¿quién rehúsa apropiarse de lo ajeno, ya sea la cartera o la honra?, ¿y quién no mataría en según qué caso?... el obsceno mercado mundial de vacunas y material sanitario lo evidencia cada día. Y detrás siempre está Dios: el Dinero.

Nos sale lo peor. Cierto que hay mucha gente buena (tampoco tanta), siempre callada y solo noticia si la tragedia nos inunda. Sin embargo, la solidaridad y el altruismo son lujo de pobres. Los ricos no tienen tiempo y están a lo que están sin más ojos que al bóbilis bóbilis, la trampa o su tresmallo de arrastre. Es su genética, no podrían ser otra cosa, el oportunismo es su selva. Y así nos pintó Sócrates el trapicheo internacional de vacunas y la extorsión de los monopolios a los gobiernos que nunca nos dirán cuánto pagaron y pagan, ni en qué horquilla de precios se mueve ese mercado o por qué las primeras mascarillas costaban ocho euros y el bastoncillo pcr uno?... Responded a estas preguntas, concluyó: ¿existe el modo de sujetar al especulador, al acaparador y al estraperlista con su séquito de secundarios: estafadores, bribones y rateros?... porque está visto que a los intermediarios no; suelen ser de casa... y si solo interviniera en la pandemia lo estatal, lo público, ¿estaríamos mejor, igual o peor, sabiendo que el funcionario nunca hace nada por primera vez y solo el dinero y la codicia se adelantan a las vísperas?... codicia y capital, matrimonio indisoluble... y combustible de la historia, lo queráis o no.

Vale, maestro -atajó Peláez-, mañana mismo pintamos en el dintel de esta vida «Lasciate ogni speranza», porque el infierno es esto y el de Dante solo un cromo. Otavito sugirió algo más explícito: «Resignati e jodeti».

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