viernes 25/9/20

Cómo no quererte

Habrás visto, Fer, la conmoción nacional que trajo tu irte como sin avisar aunque avisado. No hubo medio que no diera la noticia con tristeza enorme y su dolerse. Además, lo hiciste despistando al aparecer el mismo día de tu adiós tu última viñeta que desde hace treinta años sacas a diario en el «Avui», puntual como siempre, hasta el último suspiro, color y lápiz en ristre como caballero menudo de causas grandes, lápiz de plantear dibujos igualito al que lleva tu escolta, el gato del Peric -aquí, Périch-, lapicero como lanza quijota de abatir gigantes que en sus molinos muelen la esperanza y los días de la gente. ¿Quién en España -de Llansá a Vigo o Algeciras- no agradeció la sonrisa inteligente que horneabas en tus historias y personajes?, ¿y quién no tiene «chistes» tuyos recortados entre páginas de un libro o colgado en su casa un dibujo, una historieta que le alegró el vivir o le batió el corazón, una viñeta chispeante, mientras rabian de envidia las Meninas de Velázquez, que ya quisieran?... ¡y anda que no te oliste tú lo de Juan Carlos hace tantos años al comentarte en una recepción que se escogorciaba con tus historias del puticlub!... y ante la santa gracia de tu agudo humor se arrodillaba también Carod Rovira (y algo por tus cocidos leoneses en Costa Brava, simpatía y respeto que toda catalanidad brindó a León gracias a ti; y a Luis del Olmo lo suyo; para Cataluña ya eres todo un «ninotaire» de gala propia)... pero ¿por qué no le caes mal absolutamente a nadie, cachocabrón, que se dice en Sorríos?, ¿cómo es posible? Te digo lo que sabes: porque no te cabe el corazón en el cuerpo y tu generosidad siempre te va por delante aunque te arruine; y digo va y no iba porque aquí está en cada trazo de tu desinterés, aquí nos mira, es deuda... y aquí nos vives... y si el viernes me comentabas admirado que aún no hubieran robado tras quince días el cuadrito que siempre dejas con Quim en la tumba de Antonio Machado, ¿cómo no helarme el alma tu muerte al comunicármela tu escudero leal, un Arricio roto?... descansa, amigo, hermano grande, poca paz he visto tan merecida.

Cómo no quererte
Comentarios