viernes. 27.01.2023

De capote a capa

Murió Mondeño y la memoria se me fue al blanco y negro de la foto de aquellos días y del hábito dominico que quiso vestir pasando del capote a la capa un torero en la cumbre de su nombradía en los 60, matador frecuente en ternas de lujo y cartel de campanillas que sirvió de latiguillo de corte y zasca: ¡puerta, camino y mondeño! (Diego Puerta, Paco Camino y Juan García «Mondeño», sin desmerecer al Viti o al Cordobés que también pitaban entonces en lo más alto). Antes de tomar hábito pasó unos meses de prepratoria en nuestro colegio de La Virgen del Camino y fue un episodio memorable para los guajes bachilleres que allí batallábamos contra los latines y los sabañones, pues con Mondeño llegaban luces y gentes de renombre, toreros sobre todo, como el día de su santo, un 24 de junio de 1964 en el que hubo partidillo de fútbol de colegiales contra matadores estando Antonio Ordóñez bajo palos y en el once VázquezLitriCaminoOstosBienvenidaAparicioEl Pireo... qué fiestón.

Durante aquellos meses Mondeño hacía vida con los frailes, pero le veíamos pasear por las canchas con su tutor o cada domingo en la misa del santuario, en el coro al que también acudía un amigo mejicano del torero, tipo espigado, impecable en su traje de alpaca marrón, y de quien el padre Huarte nos secreteó ser ateo y por eso seguía la misa sentado todo el tiempo. Era mi primer ateo a la vista y no cesé de mirarle buscándole el rabo, aunque tiempo después concluí que se trataba de algo más que un admirador, quizá el amor desengañado que motivó la entrada en religión de Juan García, un Mondeño sencillo y ciertamente adorable, como lo era su toreo hierático y místico. Después de un año de noviciado y algo de Filosofía, Mondeño colgó los hábitos y hubo de torear de nuevo porque el dineral que dejó a familiares no quisieron devolvérselo. Hizo una boda de paripé con su apoderada Lola Casado, pero era y murió gay junto a su pareja con la elegancia y la ternura que siempre fueron su seña. Tiene mucha novela su vida y está por escribir.

De capote a capa
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